Editorial

La creciente crisis venezolana

lunes, 15 de agosto de 2016 · 00:00
La crisis venezolana parece no tener fin. Algunos analistas temen que se produzca un eventual desenlace violento, que nadie desea. La Constitución de ese país, promovida por el expresidente Hugo Chávez, permite la revocatoria del Jefe de Estado y da para ello una serie de pasos que deben cumplirse.  La Mesa de Unidad Opositora ha persistido en intentar ese camino para sacar del poder a uno de los presidentes menos capaces de la historia venezolana, y quizás mundial, ante la evidencia de que el modelo que ha desarrollado es un verdadero desastre, con hiperinflación y aguda escasez de alimentos y medicinas, además de elevada inseguridad ciudadana e inestabilidad política.

Todo esto ha hecho que la ciudadanía esté ávida de un cambio. Una encuesta de la firma Keller y Asociados reveló hace poco que el Jefe de Estado obtendría apenas el 15% del voto del electorado en un eventual referendo, frente al 73% que apoyaría su remoción. El 67% indicó que Venezuela sólo podrá salir de la profunda crisis en  la que vive con la convocatoria a nuevas elecciones y la posesión de un nuevo presidente.

Pese a ello, el Gobierno hace todo lo posible para evitar ese referendo y se aferra a mantenerse en el poder pese a que tiene menos apoyo que el que tenía, por ejemplo, Gonzalo Sánchez de Lozada cuando fue derrocado en 2003. Por eso es previsible una salida violenta. El mismo líder opositor Henrique Capriles dijo que su país "es una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento”.

La incertidumbre ha aumentado tras conocerse esta semana que la recolección de firmas para convocar al referendo revocatorio se realizaría a fines de octubre, lo que, en realidad, significaría la continuidad del chavismo en el poder.
 
La presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, calificada por los opositores como una "marioneta del Gobierno”, indicó que la oposición tendrá tres días para conseguir cuatro millones de firmas (20% del padrón electoral) y activar el referendo. Si lo lograra, el plebiscito sería convocado a fines de noviembre y se realizaría  90 días después, es decir a fines de febrero.

En ese caso, si la consulta acepta la salida de Nicolás Maduro, será el vicepresidente, Aristóbulo Istúriz, quien asumiría el cargo y completaría el mandato, que fenece en 2020.

La oposición rechaza ese cronograma y señala que el voto puede y debe realizarse antes del 10 de enero para que, si vence la opción contra Maduro, se convoque de inmediato a elecciones. Eso es lo más sabio, lo más lógico y mejor para todos, incluido el Gobierno, porque evitaría un posible estallido de violencia, que no le conviene a nadie.

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