Editorial

Un crimen alevoso que duele a Bolivia

sábado, 27 de agosto de 2016 · 00:00
 Bolivia volvió a vivir una jornada aciaga. Una alta autoridad de Estado, el viceministro Rodolfo Illanes, fue cruel y premeditadamente asesinado con indescriptible furia y saña  por cooperativistas mineros que mantienen una movilización que tiene en vilo al país desde hace dos semanas.

Bolivia volvió a ser noticia internacional por las más funestas razones: la violencia y la falta de diálogo y entendimiento. Después de dos semanas de dinamitazos y bloqueos que no se apiadaron de los viajeros, los turistas ni del comercio, y que, una vez más, mostraron a Bolivia como el país de los conflictos, los bloqueos y los problemas, volvimos a acaparar la atención escandalosamente con  un hecho inaceptable: la apelación a  la barbarie y el asesinato de una autoridad gubernamental que buscaba diálogo.

Después de los tensos momentos vividos por el país el día jueves; después de digerir el desenlace de uno de tantos conflictos que estamos acostumbrados a vivir desde hace décadas, despertamos a la constatación de que, independientemente de los gobiernos, los bolivianos no sabemos encontrar vías de solución sin violencia. Y esto es inaceptable.

Mucho se ha hablado sobre la responsabilidad de estos hechos en las últimas horas: el Presidente habló de "conspiración” -para variar-; muchos ciudadanos fueron más críticos y apuntaron a las prácticas de los mineros, que ya han protagonizado enfrentamientos fratricidas en otras oportunidades -recordemos Posoconi en 2006-; otros señalaron que el Gobierno está pagando -y haciendo pagar al país- el precio de sus alianzas por votos con sectores corporativos antidemocráticos… Son razones que ameritan una reflexión aparte, pero el hecho es que, independientemente de las razones, estamos viviendo un periodo en que las dirigencias de movimientos y organizaciones no reconocen el marco de la ley y proceden con un absoluto descontrol, poniendo en riesgo la estabilidad del país por intereses corporativos. Esto, especialmente, es inaceptable.

Nos hemos acostumbrado a aceptar que  movilizaciones y  conflictos son la vía para  obtener lo que se quiere, no importa si esto es bueno o malo; hemos perdido la capacidad de discernir entre demandas de bien común y exigencias de prebenda. Es momento que aprendamos la lección como Estado y como ciudadanos. Un Viceministro asesinado con premeditación y alevosía  no puede merecer otra cosa que la condena y la exigencia a las autoridades para que establezcan responsabilidades y den garantías al país,  más allá de la congoja.

El asesinato de Illanes es un crimen que  duele a Bolivia toda.

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