Editorial

La defensa de los animales

jueves, 04 de agosto de 2016 · 00:00
Hace unos días, el periodista Raúl Peñaranda puso en escena un debate recurrente y necesario para la ciudad de La Paz y el país: el exceso de perros en las calles, y el peligro que esto representa para la salud pública y la seguridad de las personas.

Peñaranda sostiene que entre La Paz y El Alto existen medio millón de perros, y que el 80% de ellos deambula por la vía pública sin dueño ni responsable. Por eso, mostró su oposición a la instalación de dispensadores de comida para perros callejeros -propuesto en La Paz por la organización Huellitas-, pues en su criterio favorece a que haya más perros en las calles y más personas sin asumir responsabilidad sobre ellos.

El periodista sostiene que actualmente los protectores de animales tienen una actitud tan agresiva que impide cualquier debate al respecto y que pareciera que "los animales tienen más derechos que las personas”; por ello, entre otras cosas -señala-, los sistemas de control de perros callejeros de La Paz, El Alto y otras ciudades, incluido el trabajo de las perreras, prácticamente no existe.

Peñaranda ha sido duramente atacado e insultado en las redes sociales por esta opinión. Los adjetivos que ha recibido no pueden ser reproducidos y parecen darle la razón en su tesis de la imposibilidad de un debate en estas  condiciones. Pero, el periodista tiene razón: la cantidad de perros que han tomado las calles en nuestras ciudad es alarmante y esto no tiene nada que ver con el amor por los animales y el respeto de sus derechos a la vida. Todo lo contrario.

Lo cierto es que precisamente la ausencia de políticas locales o nacionales de control de la presencia de estos animales en las calles da lugar a la ausencia de responsabilidad de las personas sobre ellos: muchos los tienen para que se reproduzcan y puedan ser vendidos; otros por seguridad -incluso entrenándolos para que sean agresivos-, y otros por razones aún menos nobles. Esto, insistimos, no significa amor por ellos y es el origen de situaciones de insalubridad que no pueden ser libradas a la indiferencia y de falta de seguridad en las calles para peatones, deportistas, niños, ancianos y otros. Ejemplos como el de la niña Rosalía de cuatro años, atacada por un rottweiler  con dueños irresponsables, es sólo una muestra de un problema del que todos somos conscientes.

 Amar a los animales es desearles   una vida digna, y esto implica hacerse responsable de su cuidado, no abandonarlos a su suerte en las calles. Lo otro es demagogia, hipocresía, irresponsabilidad o, como en el caso de algunos defensores fundamentalistas que atacan cualquier posibilidad de debate, una discriminación peor de la que se pretende  achacar.
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