Fin a la quimera de la energía nuclear

lunes, 8 de agosto de 2016 · 00:00
En diversas ocasiones de las últimas semanas, el vicepresidente Álvaro García Linera ha señalado que el Gobierno desistió de realizar una central nuclear para la generación de energía (sí mantendrá la instalación en El Alto, de un centro de  investigación médica y agrícola). Ha admitido que usar la tecnología de fisión nuclear, es decir la que "divide” a los átomos en el proceso de producción y que se usa desde hace décadas, es muy riesgosa y genera unos desechos que pueden permanecer siglos o hasta milenios en la naturaleza.  Por eso, ha informado, no se usará esa técnica para generar energía nuclear, sino la de "fusión”, o sea de unir esos átomos. Y como ésta recién está siendo investigada, y los científicos de varios países consideran que por lo menos falta medio siglo para que esté disponible para producir electricidad, se llega a la conclusión que el Gobierno, aunque de manera solapada,  ha desestimado ingresar en el campo de la energía nuclear.
 
Ésta es una muy buena noticia. Significa que la sociedad civil todavía puede librar algunas batallas, y vencerlas.
 
Diversos activistas y, al lado de ellos, ciertos medios de comunicación, como este diario, insistieron en que la producción de energía nuclear no es más barata que la de otras fuentes tradicionales. Esto se debe a que si al proyecto de producir electricidad mediante una central nuclear se le suman los gastos que entraña el manejo de los desechos generados, entonces el costo resultante por cada kilovatio producido es mayor a usar otras fuentes.
 
Eso es lo que han entendido países como Alemania y Suiza, que han decidido dejar atrás sus centrales nucleares, e incluso Francia, cuyo Gobierno ha optado por reducir su dependencia en estas fuentes de energía, del 75% actual, a 50%, e ir bajando esa cifra más aun paulatinamente.
 
No sólo eso. El Gobierno dijo que usaría 2.000 millones de dólares para construir la planta, una cifra insuficiente. Especialistas dijeron a Página Siete que por lo menos se requieren 7.000 millones de dólares para construir una usina que genere la potencia que el Gobierno buscaba. Y esos recursos no están disponibles.
 
De manera que, aunque el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología Nuclear acaba de concretar la firma de dos contratos con la empresa estatal rusa Rosatom -con lo que arrancará su implementación-, podemos al menos celebrar que el megaproyecto nuclear haya sido reducido sensatamente. El centro que se instalará en El Alto -no se sabe aún cuál será su beneficio concreto- también generará una cantidad importante de desechos, pero no lo hará en la medida en que se calculó podría hacerlo una planta nuclear de mayor magnitud.  

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