Editorial

Triste fotografía del turismo

martes, 9 de agosto de 2016 · 00:00
A la forma precaria e improvisada en que se prestan la mayor parte de los servicios turísticos en el país, se añade en algunos casos la irresponsabilidad. En el salar de Uyuni, uno de los principales destinos turísticos de Bolivia, se ha denunciado muchas veces que las condiciones de alojamiento -calidad de las habitaciones, servicios básicos y otros- y alimentación son deficientes; aunque, claro, los precios no siempre son baratos. También, que los servicios de transporte a diferentes lugares de este maravilloso escenario, no están debidamente regulados y que no prestan condiciones de seguridad y calidad para los turistas.

No es el primer accidente, pero el hecho de tránsito que se produjo hace un par de semanas  y que acabó con la vida de cinco turistas extranjeros y al parecer dos bolivianas, vuelve a obligarnos a reflexionar sobre el grado de irresponsabilidad de quienes transportan pasajeros por el Salar, y la indefensión de los turistas ante ello.

El accidente ocurrió cuando un vehículo que realizaba el tour estaba en su viaje de retorno de su paseo por el Salar; y se debió a un exceso de velocidad. Quien ha participado de estos viajes sabe que hablar de exceso en estos casos, es un término que queda corto para la velocidad que suelen tomar los chóferes. Sin control posible y con total falta de consideración, los conductores de los vehículos de transporte de  la zona adquieren velocidades impensables: un vuelco de campana como el del accidente que se comenta, es sólo una de las posibles consecuencias de esto.

El  otro aspecto a analizar es la indefensión. En caso de un accidente no hay posibilidades de una atención de emergencia ni de personal de salud ni de la policía; y si la hay es deficiente y dudosa. En el hecho que se comenta, según testigos, se pidió ayuda de ambulancia casi con una hora de retraso.

Además de ello, antes de asistir oportunamente a las víctimas, se habrían registrado robos a los afectados de parte de personas desconocidas y presuntamente de la propia policía. ¿Cómo puede ser esto posible? No sólo que nadie pueda evitar –con atención médica- que se pierdan más vidas, sino que, encima, quienes se encuentran en el lugar prefieran robar antes que ayudar?

Por lo expuesto, no sólo se trata de una falta de respeto y consideración con los accidentados, sino que estas muertes pudieron evitarse si las autoridades hubiesen actuado de inmediato de acuerdo a un plan de emergencias. 
Hay, cuando menos, cuatro expresiones de negligencia que deben llamar la atención:

1.      La policía no hizo ningún precintado y acordonamiento del área para proteger las evidencias.  Al parecer, intervino y contaminó el  área al  revisar las pertenencias de los turistas.

2.       La policía no tuvo una reacción oportuna ni se llamó de inmediato a un servicio de ambulancia; lo que evitó que se lleve a los heridos a los hospitales.

3. No había un plan de evacuación de emergencia.  No se coordinó con la fuerza aérea (esta posibilidad al parecer no existe).

4. Todo lleva a pensar que no existían las medidas de seguridad para proteger a los pasajeros.   Las dos únicas personas que se salvaron fueron el chófer y el turista que iba a su lado, por la protección de los air bags.  El resto probablemente no llevaban el cinturón de seguridad puesto. 

Esto no es todo. Quedan muchas dudas también   sobre la actitud de los chóferes y guías de otras compañías, que no proporcionaron asistencia urgente y socorro a los accidentados.  Al parecer todo el esfuerzo para mitigar los daños lo tuvo la empresa operadora afectada por el accidente, pero sin un protocolo ni efectividad mínimamente exigibles.

 Uyuni es un centro  de la más alta importancia para el turismo, pero no hay una presencia administrativa (oficina de turismo, policía, hospitales y clínicas), que estén a la altura de un centro de  turismo de alto nivel.
 
Potencialmente es una fuente millonaria de recursos, pero como suele pasar en Bolivia, está librada a lo que hace de ella un grupo de prestadores de servicios; no una seria política de Estado.

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