Universidades en crisis dirigencial

domingo, 11 de septiembre de 2016 · 00:00
Primero fue Cochabamba, donde los conflictos entre docentes y las federaciones de estudiantes llegaron a extremos de violencia y ocasionaron suspensión de actividades académicas por casi un año.

Luego, fue el turno de Santa Cruz, donde los enfrentamientos entre facciones políticas aspirantes a dirigir la UAGRM (Universidad Autónoma Gabriel René Moreno) paralizaron la ciudad y tuvieron que ser intervenidos por la Policía.
 
Ahora es el turno de la UMSA. Después de cinco años de intentos frustrados por consolidar una Federación Universitaria Local (FUL), los estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) eligieron a sus autoridades, pero el clima fue tan tenso que se requirió resguardo policial. En todos los años anteriores, este mismo proceso acabó en actos vandálicos que también necesitaron la intervención policial.
 
¿Qué tienen en común todos estos hechos? Aunque los estudiantes y sus dirigencias defienden la autonomía universitaria y rechazan la intervención policial argumentando que "parecen épocas de las dictaduras”, lo cierto es que el clima que prevalece en todos los procesos electorales estudiantiles o de autoridades universitarias es explosivo, intolerante y violento. La presencia policial es solicitada para resguardar la seguridad de los estudiantes. 
 
Aunque en general todos los estudiantes piden mejoras presupuestarias para equipamiento e infraestructura, lo cierto es que sus demandas guardan poca relación con sus acciones posteriores y ya como dirigentes no se advierte que el aporte se traduzca en mejoras sustanciales a la calidad académica ni de instalaciones de las universidades públicas.
 
¿Quién salva, entonces, a la universidad boliviana de sus dirigentes que la tienen acosada para encumbrarse en cargos sin que esto  se traduzca en gestiones favorables a la comunidad educativa?
 
No hay respuestas ciertas y por como se ve,  se está instituyendo el desgobierno en las principales universidades públicas del país, no así la autocrítica, la reflexión sobre cómo mejorar la calidad de la formación y acortar el rezago que tienen  las universidades bolivianas en relación con  sus pares de la región y el mundo. 
 
"No hay deseos de transformar nada; sólo importan la coyuntura, la pulseta; por eso delegan, renuncian a su responsabilidad de construir. Así no se llegará a ningún lado: blancos, rojos, amarillos o verdes son lo mismo”, menciona Patricia Alandia, docente universitaria en las redes sociales. Si a ello se agrega   el mal uso que se está dando a la valientemente conquistada autonomía universitaria, el resultado es lamentable.
 

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