Editorial

El fin del turismo en Rurrenabaque

domingo, 18 de septiembre de 2016 · 00:00
El Gobierno actual dejará para la historia una larga lista de acciones favorables y, también, aspectos negativos. Entre estos últimos estará claramente haber destruido el turismo en Rurrenabaque, la puerta de ingreso al Madidi, uno de los parques nacionales más biodiversos del mundo.

Esa destrucción del turismo se ha dado en varios frentes, el primero es por una razón ideológica: el Gobierno declaró a Israel como un Estado "terrorista” y exigió una visa de ingreso a turistas de ese país, después de que cometiera atrocidades en la Franja de Gaza hace dos años. El Ejecutivo tenía toda la razón en solidarizarse con la causa palestina, pero no tenía que castigar  a los habitantes de ese país (una cosa es el Estado, otra distinta es los ciudadanos) y, menos aún, a los operadores turísticos y al resto de la habitantes de Rurre.

Pero se tomaron decisiones al calor del momento, con motivaciones ajenas al interés nacional. Junto con exigirles una visa de ingreso y cobrarles 135 dólares a cada uno de ellos, también se redujo a 30 días el límite de permanencia de los turistas israelíes en el país. Y ellos representaban el 70% de todos los visitantes que llegaban a Rurrenabaque, una localidad que vive (vivía) del turismo.

Hoy ha terminado de cumplirse lo que muchos predijeron en 2014: exigir visas a los israelíes arruinará uno de los lugares más turísticos de Bolivia. Pero nadie ha reaccionado ante ello: dos años después  llegan sólo 3.000 turistas de ese origen anualmente, de 17.000 que arribaban en años anteriores. Según un reportaje realizado por Página Siete, los restaurantes han cerrado, los guías turísticos han quedado sin empleo, los hoteles están semivacíos, los mototaxistas transportan a menos pasajeros y los café-internet   tienen menos clientes. Todo ello genera crisis económica y desempleo.

Israel era la mayor fuente de turistas debido a que un ciudadano de ese origen, Yossi Ghinsberg, estuvo perdido en 1981 en la selva circundante a Rurrenabaque, sin alimentos y agua, pero logró sobrevivir. Ghinsberg, hoy un reconocido disertante internacional, escribió un afamado libro de memorias que se hizo muy popular en su país, lo que motivó la "moda” de visitar Bolivia. 

En Israel el servicio militar es obligatorio (de tres años para los hombres y dos para las mujeres) y al terminar éste el Gobierno entrega un dinero a quienes se licencian para ayudarlos a iniciar su vida laboral. La costumbre es que, terminado el entrenamiento militar, los jóvenes viajan al exterior  usando parte de ese dinero. Bolivia tenía la suerte  de que miles de esos jóvenes querían conocer los hermosos paisajes del parque Madidi. 

Eso, lamentablemente, es historia. Los entrevistados por este diario señalaron, además, que los turistas israelíes permanecían por varias semanas en Rurrenaque  y sus alrededores, tres o cuatro veces más tiempo que turistas de otros países.

Los otros factores que están arruinando el turismo en la zona son la construcción de la fábrica de azúcar de San Buenaventura, que está depredando el medioambiente, la construcción del puente entre esa localidad y Rurrenabaque   y el plan de construir una represa en El Bala, que inundaría los terrenos colindantes.

En vez de favorecer el ecoturismo y preservar como una joya la biodiversidad de la región, que entrega recursos a miles de personas de forma sostenible, la apuesta es concentrar la riqueza en empresas estatales de dudosa viabilidad. En el caso del puente entre ambas localidades, si bien es una idea positiva, no lo es el trazo elegido: juntas vecinales, guías turísticos, especialistas y hasta representantes de ONG pidieron que éste no atraviese el pueblo en su parte central, sino que lo eluda unos cuantos kilómetros al sur. Ello debido a que lo que se quería evitar era que Rurrenabaque, una verdadera perla amazónica, se convirtiera en un paso de camiones. Sin embargo, las autoridades se impusieron y el puente se está construyendo para que pase por el centro de la localidad. 

 Rurrenabaque ya no será una perla turística, sino, lamentablemente, un paso de camiones. 

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