Reducción de ingresos regionales

lunes, 26 de septiembre de 2016 · 00:00
Si bien hasta ahora la ciudadanía no ha sentido mayormente  los efectos de la caída de los precios del petróleo, que es la principal fuente de ingresos de una economía casi exclusivamente monoproductora, las primeras señales preocupantes son las que están empezando a sufrir los gobiernos municipales y departamentales de todo el país.
 
Para el próximo año, se prevé una reducción adicional del 13% del total del Presupuesto, según ha señalado oficialmente el Ministerio de Economía, con una baja en términos monetarios de casi 18.000 millones de bolivianos.
 
Esa caída se debe a que, al bajar los precios del petróleo, que sirven de base para el cálculo del precio del gas, caen los montos que se obtienen del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), regalías y otros tributos.
 
En el caso de la ciudad de La Paz, por ejemplo, para 2017, por efectos del IDH, la sede de Gobierno solamente  recibirá 100 millones de bolivianos, de los 400 millones que recibió en 2013, en el mejor momento de los precios del gas.
 
Aparte de ésta, una primera caída se dio cuando el Gobierno autorizó, para darle mayores alicientes a las empresas petroleras que trabajan en el país, reducir en 12% el pago del IDH para municipios, gobernaciones y universidades.
 
La reducción de los presupuestos conlleva, inevitablemente, despidos de personal, eliminación de proyectos, o ambas cosas. Y ello, obviamente, afectará la situación social general. Además, menos ingresos en la economía tienen un efecto de círculo vicioso, que ralentiza más aún al resto del sistema.
 
Algunos alcaldes y gobernadores ya han dado señales de que, para paliar los recortes, se podrían aumentar algunas tasas e impuestos, pero esa es una decisión que deben analizar con detalle, puesto que podría tener efecto regresivo, ya que por lo general ello afecta al desempeño económico de diversos sectores. Con todo ello, menos ingresos en la economía y más impuestos puede ser una combinación explosiva.
 
A nivel del Estado, para mantener el ritmo de crecimiento económico  el Gobierno ha resuelto seguir "fogoneando” las finanzas públicas aumentando los créditos externos y usando las reservas internacionales, que podrían durar dos o tres años más al ritmo de gasto actual. 
 
Sin embargo, como advierten muchos expertos, esas reservas son finitas y el  país no puede vivir indefinidamente de préstamos. Esta situación muestra los límites del modelo económico extractivista que el  país ha tenido durante casi toda su historia, apostando a la producción de materias primas. Como dice el adagio, es una crisis, pero también puede ser la oportunidad para repensar nuestra matriz de desarrollo.

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