Editorial

Brutalidad policial en Estados Unidos

martes, 27 de septiembre de 2016 · 00:00
Nuevamente EEUU se ve impactado por la muerte de hombres negros atacados por policías blancos. Dos hechos recientes se suman a centenas de casos anteriores, de las mismas características: un policía se acerca a un hombre ciudadano afroamericano, por lo general desarmado, y le dispara a quemarropa. Luego, las investigaciones ingresan a un complejo laberinto judicial que termina, por lo general, exculpando a los uniformados.

La situación no es nueva, pero, como hemos señalado en estas páginas, ha logrado amplio interés de la opinión pública debido a que muchos de ellos son filmados y llegan a las redes sociales y medios de comunicación de manera inmediata.

Los dos últimos ejemplos son tan estremecedores como tantos anteriores: Terence Crutcher, un hombre de 40 años, se presentó con las manos en alto después de que su auto se averió en una carretera, pero fue abatido por una agente de Policía. El suceso ocurrió en Tulsa, Oklahoma, en un caso filmado por una cámara policial.

El pasado martes, un policía encontró a Keith Lamont Scott, que no era la persona que buscaba, en el interior de un vehículo estacionado, esperando a que su hijo bajara de su departamento. Tenía un libro en las manos, que el uniformado confundió con un arma. Scott fue muerto a quemarropa.

 En EEUU, lamentablemente, ocurre casi una muerte por día de una persona negra a manos de policías, guardias de seguridad y otros uniformados, como los denominados "vigilantes”, que son civiles que realizan rondas en barrios de ese país.

Pese a la gran cantidad de hechos sucedidos, la sociedad norteamericana no ha visto cambios profundos en esta situación. El presidente Barack Obama, él mismo un afroamericano, ha intentado introducir algunas reformas legales para evitar como, luego, sancionar estos hechos, pero con escaso éxito. Debido a que cada estado de ese país tiene sus propias normas, y que incluso los municipios (condados) pueden tener reglas específicas sobre sus fuerzas policiales, el control sobre esta situación se hace muy difícil.

En el trasfondo de todo esto está el racismo estructural que vive ese país. Un policía, cuando ve a una persona blanca en situación sospechosa, no actúa de inmediato apretando el gatillo, acción que sí toma cuando se trata de una persona de raza negra.

La sociedad civil norteamericana, y sobre todo los integrantes de la comunidad negra, están en una situación de verdadera crisis, demandando cambios en cómo los policías son reclutados, entrenados y supervisados. Esa cadena, sin duda, funciona hoy pésimamente mal.

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