El Che, ¿otra impostura del MAS?

domingo, 8 de octubre de 2017 · 00:00
Dicen por ahí que el Che, que fue derrotado hace 50 años por el Ejército boliviano, está ganando más batallas después de muerto que cuando estaba vivo. A juzgar por la cantidad de gobiernos latinoamericanos que dicen aplicar sus ideas, se podría decir que esa frase es correcta; sin embargo, habrá que preguntarse si existe coherencia entre el discurso y la práctica, particularmente en el caso boliviano.
 
El Che era un guerrillero por vocación que quería implantar el modelo socialista cubano en toda América Latina. En cambio, el gobierno de Evo Morales, que se dice socialista, está asentado sobre la base de sectores sociales que aplican el más descarnado capitalismo, como los cocaleros, los cooperativistas mineros, los comerciantes. 
 
Esos y otros sindicatos afines han demostrado que sólo les importa ganar dinero, sin respetar los derechos de la madre tierra, sin aportar al Estado y sin preocuparse por el bienestar social de sus trabajadores.
 
Una de las principales características del Che era la coherencia  entre lo que decía y hacía. Propugnaba el socialismo, tal como lo hace Evo Morales, pero lo practicaba hasta en su oficina y en su casa. Coherente con esa línea de acción, el Che era austero hasta la ridiculez. Siendo alto funcionario del gobierno cubano, se redujo el sueldo al mínimo e impuso en su casa un régimen de escasez. Cuenta uno de sus biógrafos que Aleida, su esposa, se llevaba comida de las recepciones sociales a las que asistía para que no faltara en la casa.
 
El gobierno de Evo Morales, en cambio, es uno de los más dispendiosos de la historia de Bolivia. Y, ni qué decir de los gobernantes que usan aviones exclusivos, helicópteros para sortear el tráfico, vehículos blindados para garantizar su seguridad, palacios millonarios y hasta un museo para el culto a la personalidad.
 
El Che no toleraba a los corruptos, a los enemigos, a los traidores y a los soplones. Si no se exiliaban a tiempo corrían el riesgo de ser eje cutados sin mayor trámite. De hecho, se sabe que ese fue uno de los motivos para su salida de Cuba. Se había convertido en una presencia incómoda para quienes querían disfrutar del poder conquistado.
 
En cambio, el gobierno de Morales mira la corrupción como quien observa el agua pasar debajo del puente. Los casos descubiertos en el último tiempo involucran millones de bolivianos desfalcados de las arcas estatales y, al margen de dejar que la Fiscalía actúe, hasta ahora el gobierno no se ha sacudido como debiera, no ha anunciado ninguna purga, ni el presidente Morales ha demostrado indignación.
 
Salvando las diferencias de época, quizá exista un verdadero parecido entre el Che y el gobierno de Morales en la persecución a los enemigos políticos, aunque en Bolivia la máxima sanción por pensar diferente sea la cárcel, mientras que en Cuba era el patíbulo. Hay que insistir que eran otros tiempos y que el gobierno cubano había surgido de una guerra y no de las urnas como el boliviano.
 
Por eso, decir que el Che gana una nueva batalla  cada vez que un gobierno  se proclama socialista no es totalmente acertado. En el plano discursivo, sin duda, existen similitudes y hasta fanatismos a la hora de hablar del Che, pero la realidad sin retórica es otra cosa.
 
Siempre en el plano de lo simbólico, el gobierno de Morales se ha encargado de exaltar la figura del Che octubre tras octubre y, en ese afán, ha denostado a los excombatientes de Ñancahuazú a los que sistemáticamente ha calificado como los asesinos del Che. En una guerra no hay asesinos, sinos victoriosos y derrotados.
 
Este año, cuando se cumplen los 50 años de la muerte del guerrillero, los homenajes han cobrado revuelo internacional. En ese marco, al Gobierno se le ocurrió que podía reconciliar a los guerrilleros cubanos que sobrevivieron a los combates, con los soldados bolivianos que hasta ahora han permanecido a la sombra. Lejos de eso, los excombatientes han aparecido en sus propios actos de homenaje. La reconciliación ha fracasado, pues el capitán general de las FFAA decidió homenajear a los enemigos de sus hombres.
 
En el plano discursivo, sin duda, existen similitudes y hasta fanatismos a la hora de hablar del Che, pero la realidad sin retórica es otra cosa.
 
 Los excombatientes han aparecido en sus propios actos de homenaje de los que no participa el Mandatario. La reconciliación ha fracasado.

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