Editorial

La caída de Robert Mugabe

viernes, 24 de noviembre de 2017 · 01:00

El dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, ha concluido por fin su Gobierno. Su terquedad, y su acostumbramiento al poder hizo que éste, cuando se produjo el golpe de Estado el miércoles de la pasada semana, se negara a renunciar. No es para menos. Este despiadado líder africano de 93 años estuvo 37 de ellos en el poder, conduciendo un régimen autocrático, inepto y corrupto como pocos de la posguerra, y no deseaba dejarlo.


El miércoles pasado, tanques del Ejército tomaron las calles de Harare, la capital de esta nación del sur de África, dando inicio a un golpe de Estado, pero los militares actuaron con el criterio de intentar una transición pacífica y, para ello, necesitaban la renuncia de Mugabe. Nadie contaba con la terquedad del viejo líder o, como señalan algunos analistas, con su escasa conexión con la realidad, ya que el domingo 19, cuando se esperaba que presentara su renuncia en un discurso televisado, hizo lo contrario y dijo que seguiría en el cargo.


Después de ello, los líderes de la revuelta militar y del partido de Gobierno, el ZANU-PF, le dieron 24 horas de plazo para que presentara su renuncia con la amenaza de iniciar en el Congreso su proceso de destitución. La dirigencia del partido se alió con una pequeña fuerza opositora para proceder con ello. Ante eso, finalmente Mugabe renunció el martes 21.


La semana pasada los hechos se precipitaron tras la decisión de Mugabe de retirar al vicepresidente, y su supuesto delfín, Emmerson Mnangagwa, para poner en su lugar a su esposa, 41 años menor que él, Grace Mugabe. Eso hizo que Mnangagwa sacara los tanques a las calles y diera el golpe contra su antiguo jefe, dando inicio a ruidosas manifestaciones de júbilo de la población.


Mugabe llegó al poder de Zimbabue, entonces Rodesia, y dio fin con un Estado racista, que sostenía un sistema similar al que estaba entonces en vigencia en su vecino Sudáfrica. Su habilidad como militar y político y su capacidad para expulsar al régimen supremacista blanco anterior le otorgaron un gran capital político. Pero pronto cambió sus posiciones democráticas por un interés autocrático que terminó dando fin a la democracia de su país. También destrozó la economía, y de ser una nación líder en el continente africano, Zimbabue terminó siendo una de las más pobres. Los abusos de los efectivos de seguridad nacional y la corrupción de los aliados de Mugabe, empezando por su esposa, terminaron generando una tragedia en ese país.


Lamentablemente, Mnangagwa, el sucesor de Mugabe, de 75 años, fue en su momento el brutal jefe de los servicios de seguridad del régimen. Su llegada al poder, por ello, no da muchas esperanzas de una democratización.
 

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