editorial

Nuevas denuncias contra una embajada

sábado, 25 de noviembre de 2017 · 01:00

Ante la oleada de denuncias de corrupción y narcotráfico que afecta al Gobierno, el presidente Evo Morales ha respondido de la manera usual: acusando a la embajada de Estados Unidos en Bolivia.


En esta ocasión, sin embargo, la declaración del Mandatario es más chocante. Lo que ha señalado es que “desde la embajada de Estados Unidos han planificado atacar al Gobierno, a nuestra revolución democrática y cultural, con (denuncias de) corrupción y narcotráfico”.


Con esta declaración pareciera que el Presidente está molesto por las denuncias, no por los casos en sí. Lo que el presidente Morales está señalando con estas reacciones es que no aceptará que estas acusaciones sigan propalándose, en vez de tratar de evitar que se realicen. 


Parece ser que al Gobierno no le preocupara que sean tan frecuentes estas irregularidades como el hecho de que se hagan públicas.


Por otra parte, las irregularidades conocidas en los últimos meses y semanas (da la impresión que se denunciara un hecho de corrupción por día) se difundieron gracias a diversas razones. Por un lado, gracias al trabajo de algunos medios independientes (por ejemplo, Página Siete fue el primero en informar de forma destacada  sobre el desfalco del Banco Unión y las irregularidades en Entel). Por otro lado, son diferentes facciones oficialistas involucrada las que hacen las denuncias (como aparentemente ocurrió con la Caja Nacional de Salud). En otras ocasiones, algunos especialistas dan información valiosa (es el caso de YPFB y la compra de taladros).


En fin, puede haber diferentes maneras que permiten que se informe sobre estos hechos, que luego las redes sociales difunden masivamente. Podría hacerse un repaso de los escándalos de los últimos tres meses y es posible que su difusión no se encuentre relacionada a la embajada de EEUU.


El Gobierno, que parece acorralado con tantas sindicaciones, que incluso la ciudadanía no puede procesar debido a su elevado número, trata de encontrar en esta coyuntura un chivo expiatorio. 


El problema que enfrenta el oficialismo es que la ciudadanía ve en la corrupción el mayor problema del país y, obviamente, de las autoridades. No asocia ello a ninguna legación diplomática sino al mal proceder de funcionarios estatales que ya no tienen límite.


El Gobierno debe entender que los diplomáticos tienen funciones que son conocidas y cumplidas en todo el mundo y que aunque EEUU ha sido el capataz en estos países en el pasado, es obvio que su relevancia actual en Bolivia es menor. Achacarle a su representante los problemas estructurales y políticos es inútil e ingenuo.

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