Otro año sin segundo aguinaldo

domingo, 5 de noviembre de 2017 · 00:00
El Gobierno ha señalado, oficialmente, que el crecimiento económico registrado entre los meses de julio de 2016 y junio pasado fue de 3,94%. Comparado aquello con el resultado de 2016, implica una caída de más de medio punto, la confirmación de que el ritmo de aceleración, aunque sigue siendo sólido, está decayendo. En el primer semestre de este año (enero-junio) fue incluso menor (3,58%).
 
Un aumento anual de 3,94% es el más bajo de los 11 años de gestión de Evo Morales, con excepción del año 2010, cuando fue del 3,83%. Por otra parte, el índice implica un crecimiento casi 50% inferior al registrado en 2013, el mayor de esta década, cuando llegó a 6,80.
 
El ministro de Economía y Finanzas, Mario Guillén, informó que las razones de esa situación son la sequía que afectó al agro en 2016 y 2017 (el Gobierno, en su momento, descartó que ello fuera a afectar el desempeño general) y la menor venta de gas a Brasil.
 
Esto demuestra la fragilidad de la economía boliviana, cuyos pilares son solo tres: agricultura extensiva en el oriente, minería e hidrocarburos. El modelo económico vigente lo que ha hecho es reprimarizar la economía y volverla más dependiente de los recursos naturales. Ahora nos damos cuenta que el gas, que era visto como el sostén indestructible, muestra sus falencias con menores volúmenes exportados, y a menor precio.
 
El desafío principal de Bolivia, desde hace décadas, incumplido, es lograr la diversificación de su economía. Ello no ha sido posible ni en épocas de estatismo, como la actual, ni de liberalización económica de los años 90 y 2000 (aunque en esa fase la dependencia hacia las materias primas era menor).
 
La consecuencia práctica de la cifra presentada es que este año, por segundo consecutivo, no se pagará el segundo aguinaldo. Ello, en realidad, es una buena noticia. Este beneficio adicional solamente llega al 30% de los asalariados del país, mientras el otro 70% ni siquiera recibe, muchas veces, el primer aguinaldo ni el resto de las prestaciones sociales (vacaciones, desahucios, etc.).  Las cargas laborales y sociales son enormes en Bolivia, aumentadas por el régimen actual, y han puesto al sector privado, sobre todo a las pequeñas y medianas empresas, ante fuertes presiones. Y son precisamente las empresas medianas y pequeñas las que emplean a la mayor cantidad de gente en el país. El segundo aguinaldo no fue más que un mecanismo demagógico del Gobierno para ganar apoyo con dineros ajenos, sacándolos de los bolsillos de los empresarios.
 
Con todo, esta buena noticia es el resultado de un panorama complicado y esto es lo que actualmente ocupa la atención de analistas y de los ciudadanos. ¿Qué otras consecuencias puede traer esta baja en el índice de crecimiento?  Los empresarios privados han respondido planteando un trabajo conjunto con el sector público para evitar una desaceleración (muchos expertos sostienen que ya hemos ingresado a un periodo de desaceleración): "Estamos a tiempo, porque todavía tenemos reservas y el impulso suficiente, pero debemos tomar medidas que desaten procesos de inversión, ampliación de los sectores productivos y crecimiento con equilibrio macroeconómico”, sostuvo el presidente de los empresarios privados. Los analistas anuncian que una baja en el crecimiento incidirá en un aumento del desempleo y de los ingresos.
 
Es así de paradójico: muchos sectores  –excepto este 30% de asalariados- esperaban con ansias que el Gobierno anuncie un crecimiento menor del país. El pago de dos aguinaldos a fin de año es una carga que afecta especialmente  la estabilidad de las empresas medianas y pequeñas, por lo que muchos preferían un menor crecimiento que estar obligados a este pago. Pero, la preocupación común a todos es el freno seco de nuestro crecimiento: aunque aún guardamos algunos resultados de nuestra bonanza, la baja de prácticamente todos los índices  es una mala señal. Es de esperar que las autoridades tengan la amplitud y el talento de privilegiar la solución de estos problemas antes que la coyuntura política, que los tiene obsesionados.

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