editorial

La normalidad democrática chilena

miércoles, 20 de diciembre de 2017 · 00:00

El domingo se ratificó la normalidad institucional y democrática en Chile. Se produjo en ese país la segunda ronda electoral y el candidato de derecha  Sebastián Piñera  venció a su rival, del oficialista Partido Socialista chileno, Alejandro Guillier. 


A la hora del cierre de las mesas ya se conocía el 70% del resultado electoral, porcentaje que subió al 98% escrutado a las tres horas del cierre de las urnas.


El candidato opositor logró más de nueve puntos de diferencia (54,5% a 45,4%), muy por encima de lo esperado. Su rival centroizquierdista, que no logró movilizar a los grupos progresistas de Chile, admitió que la derrota era “muy dura”. 


El 20% de chilenos que apoyaron en primera vuelta a la candidata Beatriz Sánchez, del Frente Amplio, por lo visto no respaldó a Guillier. La abstención fue del 52%, pero especialmente alta en los sectores sociales menos favorecidos, lo que perjudicó al candidato oficialista.


Guillier fue el primero en reconocer la derrota y felicitar a su contrincante. Minutos después, la presidenta Michelle Bachelet llamó al futuro mandatario para congratularlo. Todos estos son gestos de madurez política, y obviamente también de corrección un poco forzada, porque una campaña electoral siempre polariza al sistema político y enerva a los actores principales. Como sea, todos en Chile actuaron con altura. Piñera, al agradecer el voto de respaldo, felicitó a su rival y le anunció que adoptará parte de sus propuestas como propias.


Más allá de esas formalidades, en Chile, como en tantos otros países de la región, funcionaron el domingo las libertades democráticas a la perfección. La Presidenta saliente no intentó nada para mantenerse en el poder más de lo que le ordena la Constitución ni el candidato oficialista procuró alguna reforma legal que lo favorezca. La palabra empeñada, de respetar y hacer respetar la Constitución es, en Chile como en la mayoría de las naciones de la región, una norma sagrada. No en Bolivia, lamentablemente. Aquí la palabra y tampoco la Constitución valen nada a la hora de respetar la alternancia y la independencia de poderes, entre otros principios. 


En Chile, de todas maneras, se espera que el paso de un Gobierno de centroizquierda a uno de centroderecha no genere mayores cambios en las políticas económicas o sociales. La clave del éxito económico del país vecino es precisamente ése, que sus políticas son gradualistas y reformistas. Un país que no da “bandazos” es un país que se desarrolla más.


Mientras tanto, esta victoria consolida el “giro liberal” de la región que arrancó en 2015 en Argentina con la victoria de Mauricio Macri. Son los tiempos que corren.
 

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