Las elecciones de hoy

domingo, 3 de diciembre de 2017 · 01:00

Para un país que siempre ha apoyado con una participación masiva, pacífica y disciplinada los diferentes actos electorales a los que ha sido llamado, que la convocatoria predominante sea hoy invalidar su voto, pifiarlo o acudir a votar porque según la ley el sufragio es obligatorio, no es una buena noticia.

Aunque el Órgano Electoral se ha esmerado en alentar el voto informado, la polarización del debate político de los últimos días no ha hecho otra cosa que desviar la atención de lo que representa la votación de hoy y de quienes serán premiados con la preferencia de la gente.

Finalmente, el Gobierno que se rasgó las vestiduras por el voto válido, incluso amenazando a los promotores del nulo o blanco, ha decidido prestar más atención a la nueva candidatura de nuestros mandatarios, hoy puesta en primerísimo lugar de la agenda gracias al fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional que permite al presidente Evo Morales postularse indefinidamente.

Así las cosas, cabe detenerse a recordar, ¿para qué votamos hoy? A la obvia respuesta le sigue la obvia conclusión: y es que en esta elección, que más bien se ha convertido en otro plebiscito (más) en torno a la figura presidencial, se juega lo que realmente debiera importarnos a gobernantes y gobernados, y es mejorar la calidad de los administradores del peor sistema de justicia de nuestra historia.

No es así, sin embargo.  En lo único que coinciden las voces de unos y otros es que Bolivia vive un momento dramático e insostenible en lo que debería ser  uno de los pilares de la democracia y de la calidad de vida: la justicia. La corrupción, la ineficiencia, la falta de recursos y la delincuencia criminal se han apoderado de lo que debería ser el espacio de confianza de los ciudadanos: la justicia.

Ha sido un proceso paulatino que prácticamente ha ido creciendo en gravedad en los años que llevamos de vida independiente; sencillamente porque todos los poderes de turno han preferido tener una justicia mediocre y servil que invertir en una justicia independiente, proba e incorruptible. Y así nos ha ido.

El actual “proceso de cambio” que alimentó la promesa de la transformación no ha hecho otra cosa que empeorar el estado de las cosas. Primero, sometiendo de forma abierta y sin disimulo a las autoridades judiciales a sus intereses políticos y luego optando por un sistema de elección demagógico visto como infructuosos por las propias autoridades.  Ahora, en vez de comprometerse realmente en salvarlo, han decidido preceder el acto de elección de nuevas autoridades -ya antes mancillado con denuncias sobre la calidad de los procesos de selección y de muchos de los candidatos- con un acto cuestionable, protagonizado por  las autoridades salientes del TCP, que a pocos días de dejar su mandato han decidido “despedir” su gestión aprobando un acto reñido con las leyes y la Constitución que están llamados a defender.

Que en un momento como el que vive la justicia boliviana se impulse una elección contra viento y marea y luego se la condene a la irrelevancia, como ha sucedido en estos días, no sólo demuestra que no les importa realmente transformar esa justicia, sino que se desafía a que sean los ciudadanos, los electores los que hagan el trabajo.

Con todo, los bolivianos acudiremos hoy a cumplir con un deber y una obligación que siempre ha sido bien cuidada. Y es de esperar que a pesar de los antecedentes señalados sea ésta una muestra de compromiso democrático a ultranza. Esa señal quizás sensibilice a los políticos que solo nos han demostrado ser capaces de alimentar proyectos de poder, no de servicio al bien común.

En cuanto a la justicia, si -por milagro- las autoridades que de todas formas y a cualquier precio serán elegidas en esta jornada optan por hacer un compromiso histórico con la misión que se les va a entregar, habrá algo de esperanza.  De lo contrario, si deciden seguir los arbitrios de la complacencia con la prebenda y el poder político, serán corresponsables, como sus colegas salientes, no sólo de acumular en sus conciencias un nefasto precedente, sino de conducir a la patria a un triste destino.

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