Editorial

Las consecuencias de la ley de la coca

sábado, 25 de marzo de 2017 · 00:00
La nueva ley de la coca ha generado una gran polémica en el país. Según la encuesta realizada por  Mercados y Muestras  para Página Siete, el 69% de los encuestados en todo el país cree que el aumento de coca ampliará la producción de cocaína y el narcotráfico. Asimismo, un 56% de los consultados considera que el crecimiento de la delincuencia, violencia e inseguridad ciudadana será la principal consecuencia de una mayor presencia legal de cultivos de coca.

Consultado sobre los efectos ambientales de esta medida, el 23% señaló que  habrá más deforestación y contaminación, mientras que un 16% sostiene que el incremento de hectáreas de coca reactivará la economía.

Finalmente, la opinión es dividida en torno a la presencia de cárteles internacionales de droga en el país, puesto que el 45% señala que no hay cárteles en Bolivia (sólo mafias locales) y un 43% percibe que sí los hay.

Estas opiniones retratan (como toda encuesta) una percepción generalizada (y generalista también) sobre lo que el ciudadano común opina de la ley de la coca, que el Gobierno ha aprobado recientemente.

Lo que para el Presidente y el poderoso sector cocalero (del que Evo Morales sigue siendo dirigente)  es un triunfo histórico, para la ciudadanía es una medida que abre las puertas al tráfico de drogas y sus consecuencias. Aunque ha habido diversas declaraciones y argumentaciones, para el Gobierno es muy difícil explicar por qué deben aumentarse las extensiones de cocales si es que es reconocido, incluso por las propias autoridades, que cerca del 90% de la coca del Chapare tiene como destino el narcotráfico.

Sin duda, este aumento en la extensión de cultivos de coca obedece a la presión de los cocaleros, que necesitan aun más superficie destinada a esta planta que tantos ingresos les reditúa. Cuando Evo Morales entregó la nueva ley a los cocaleros del Chapare,  fue recibido con aplausos  y el dirigente Feliciano Vegamonte, a tiempo de proclamarlo como futuro candidato a la presidencia, sostuvo que la coca "está derrotando a la derecha, al imperialismo, al capitalismo que tanto daño hace a la humanidad”.

Ante estas posiciones,  la opinión del resto del país poco importa, los datos reales tampoco. Después de que el Ministro de Gobierno se enredara en cifras sobre el consumo de la hoja de coca  en el mercado interno -lo que supuestamente se defiende como cultivo tradicional, es decir  el acullico, la infusión y rituales religiosos andinos-, aún no se ha podido precisar con exactitud cuántas hectáreas de coca consumen los bolivianos. 

Las 12.000 hectáreas establecidas en la Ley 1008 tampoco surgieron de un dato fiable y el cálculo se realizó, en realidad, un poco al "ojo”, estableciendo las áreas que por entonces ya existían en esa zona subtropical de La Paz. 

Los datos son variables e imprecisos, sin embargo, lo que sí está claro es que la producción de coca del Chapare va en su mayoría al  narcotráfico y que el incremento de hectáreas destinadas a la coca puede incidir en el crecimiento del narcotráfico. 

Pero ésta no es la única polémica que existe en torno a los efectos de esta nueva norma. La desertificación de la tierra por el impacto que producen las plantaciones de coca es conocida. La planta de coca, con sus cuatro cosechas al año y sus grandes posibilidades comerciales para sus propietarios, afecta a la tierra, dejándola inhábil para futuro uso agrícola durante largos periodos, lo que es agravado por el intenso uso de agroquímicos. 

Otro de los problemas es que este monocultivo termina afectando el equilibrio ecológico de amplias regiones, como se demostró en Santa Cruz con la invasión de plagas de langostas.
 
Además, los campesinos de esas zonas dejan de producir otros alimentos para dedicar toda su tierra a la coca, lo que termina afectando a la nutrición de las familias y, en general, a la seguridad alimentaria del país. Finalmente,  la ampliación de la frontera agrícola en general, y específicamente en el caso de los cocales, termina acelerando la deforestación, con sus trágicas consecuencias. 

Como se puede ver,  las secuelas de esta ley serán más graves  y de mayor aliento, que meramente el aumento de la producción de la cocaína. 

Decisiones como ésta no debieran darse por la presión de un sector social ni por la afinidad que pueda tener el Presidente o el MAS con el mismo, sino pensando en el presente y  futuro del país.
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