EDITORIAL

¿Deben tributar los músicos por igual?

lunes, 1 de mayo de 2017 · 00:00
Que el universo de contribuyentes en el país debe ser ampliado  es algo en lo que todos coincidimos, pero antes que poner en esta bolsa a los músicos y cantores de toda categoría debiera pensarse en los comerciantes que siguen siendo eximidos del pago de impuestos, mientras cosechan jugosas ganancias. Que no es el caso de los músicos.

El Servicio de Impuestos Nacionales ha decidido que cualquier artista o grupo musical que cobre por un espectáculo debe pagar impuestos. Y la medida podría ser aceptada si no fuera porque en esa lógica unilateral, que suele ser la constante en la adopción de este tipo de decisiones, la entidad no busca esforzarse por hacer una categorización de quién paga impuestos y en qué porcentaje de acuerdo a su nivel de ingresos.
 
Aquí y en cualquier parte del mundo los artistas empiezan haciendo presentaciones por unos pesos para ganarse un lugar en el mundo del espectáculo; luego hay quienes crecen hasta convertirse en estrellas/empresas y quienes lo hacen más modestamente o directamente fracasan. Obviamente, todos tienen derechos y obligaciones que cumplir, pero no es equitativo pretender que un grupo musical que apenas empieza o que hace presentaciones, casi por amor al arte, tenga que someterse al pago de impuestos en la misma proporción que quienes reciben más ingresos.
 
Los artistas, que entraron en emergencia tras el anuncio del SIN, reclaman una ley que regule su actividad y los proteja. Durante estos días se han reunido con la ministra de Culturas, Wilma Alanoca, quien habría ofrecido interceder por ellos para que la reglamentación impositiva sea reconsiderada y modificada.
 
Las actividades del arte y la cultura merecen un tratamiento especial, en tanto representan un bien común que enriquece y da vida a la sociedad. Si bien es cierto que ningún sector debe reclamar para sí subvenciones innecesarias, es también evidente que el mundo del arte y la cultura se debe medir con patrones diferentes al resto de las actividades profesionales y comerciales. No es necesario adoptar una lógica de victimización de los artistas, pero es evidente que la actividad cultural en el país es uno de los campos más abandonados y desprotegidos.
 
La lógica de formular disposiciones ciegas que no se detienen en diferencias importantes ya ha sido criticada, por ejemplo, con el pago del doble aguinaldo, que impuso que tanto grandes y millonarias empresas como las pequeñas cancelen dos aguinaldos en un año. Ahora, lo menos que se puede pedir es que se revise la determinación y se establezcan rangos en los que los tributos vayan de acuerdo a los ingresos de los artistas. 

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