Editorial

Desprotección frente al cáncer

jueves, 11 de mayo de 2017 · 00:00
El cáncer es una enfermedad que atemoriza con su sola mención; pero, mientras que la ciencia médica avanza  es cada vez más prevenible y curable, y las cifras de muerte por esta enfermedad son menores. 

No es el caso de Bolivia, donde el cáncer ha venido a encarnar las carencias y rezagos de la salud; especialmente de la salud pública. Sucede que los pacientes de cáncer y sus familiares vienen protestando desde hace varios años por la falta de un "acelerador lineal”, equipo con el que se realizan terapias para el  tratamiento de esta enfermedad.

El dramatismo de la demanda no sólo desnuda la falta de éste y otros equipos que  combaten el mal, sino que se ha transformado en el pretexto para escenificar una pugna política entre quién es responsable de adquirirlo, a qué precio y cuándo. Los contendores: los gobiernos central y  departamental. El resultado: después de dos años, nadie ha comprado el equipo.

Pero, la tensa, angustiosa  e inútil espera de los pacientes con cáncer no acaba ahí, sino que justamente por su sufrimiento ante esta solicitud fallida  se ha revelado que no sólo no existen los equipos que cualquier país precisa para tratar a estos enfermos, sino que tampoco hay quien los use (es decir carecemos de un número aceptable de especialistas en diferentes tipos de cáncer) ni instalaciones para albergar a equipos y pacientes que padecen este mal.

Justamente hace pocas semanas, un reportaje de Página Siete mostraba cómo el "futuro” hospital del cáncer no era más que ruinas; que lo construido había sido abandonado y que lo planificado –de haberse concretado- estaba mal diseñado, pues no tenía ni siquiera quirófanos (algo esencial para el tratamiento del cáncer).

En suma, una situación de precariedad particular que demuestra la orfandad general de los enfermos de ésta y otras dolencias en el país. Mientras en el mundo la supervivencia al cáncer es cada vez mayor por la detección temprana y las terapias adecuadas, en Bolivia este mal es sinónimo de muerte. Y muerte en la peor de las carencias, pues no existen recursos ni humanos ni de infraestructura para tratarlo.

Dicho de otro modo, en el cáncer se retrata la desprotección que sentimos los bolivianos ante cualquier problema de salud: un sistema público colapsado y además atacado por la ineficiencia y la corrupción; un sistema privado caro, excluyente y también mal equipado; y un acceso a la salud apenas reducido a ciertas dolencias menores y rutinarias. 

Para males de gravedad es mejor prender velas, que esperar una cura razonable…
 
Definitivamente, la salud está en estado terminal en Bolivia..

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