Editorial

Nuevo execrable linchamiento

lunes, 22 de mayo de 2017 · 00:00
Un nuevo caso de linchamiento afecta al país. Casi no pasa un mes sin que uno de estos hechos se registre para escarnio de nuestra condición de país democrático. Esta vez se trató de un sospechoso de haber asesinado a un joven por robarle una motocicleta. 
 
Sucedió en Santa Cruz, en la localidad de San Julián, donde el presunto asesino fue ahorcado en la plaza, a plena luz del día y en presencia del pueblo. Según el fiscal de Santa Cruz, en cuya jurisdicción está San Julián, el hecho fue inevitable, pues las fuerzas  "tanto de la Policía como el Ministerio Público fueron rebasadas por una turba enardecida”, que les arrebató y condenó al sospechoso. Lo curioso es que en las fotos y filmaciones, en vez de una turba enardecida, se ve un público expectante; como sucede en los rituales.
 
Y es que de tan frecuentes, estos asesinatos colectivos se han naturalizado. Curiosamente, la prensa internacional se ocupa con más detalle y alarma que los propios medios nacionales; y las autoridades dan explicaciones rutinarias, como la que reflejamos.
 
Esta horrenda práctica se debe a varios aspectos, uno de ellos  es   la falta de institucionalidad y la escasa, sino nula, confianza que tiene la Policía ante los ojos de la población. Otra explicación es el aumento de la inseguridad ciudadana, que deja a los habitantes en una situación inerme.
 
Pero la tercera causa es quizás la más importante, es simplemente la cobardía generalizada, la opción de tener, durante unas horas, el control sobre la vida de otra persona y la idea de que, por ser una acción grupal, no puede ser sancionada. Como muchos matan a una persona, se sienten protegidos por el anonimato.
 
El Ministerio de Gobierno y la Fiscalía no pueden dejar que estos hechos los rebasen. Durante casi dos décadas, desde fines de los años 90 hasta principios de la actual, nadie hacía nada y las autoridades miraban con despreocupación esta situación, que creció en niveles insoportables. No podemos seguir permitiéndolo. 
 
Esta lacra de la sociedad sólo podrá ser reducida o eliminada cuando todas las personas sepan que serán castigadas con severidad si actúan en unas circunstancias como las anotadas.
 
Dejar que habitantes de ciertas zonas liberen sus más bajas pasiones, solamente porque se creen protegidos detrás de una turba, es algo inadmisible. Los países más subdesarrollados y con menos institucionalidad son, obviamente, los que más registran estos casos.
 
Lamentablemente Bolivia encabeza el execrable ranking de los países con más ejecuciones colectivas en  la región. Esto debe acabar para que avancemos  como la sociedad civilizada que somos.

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