Editorial

Serios problemas en la educación

martes, 23 de mayo de 2017 · 00:00
Uno de los principales problemas de la educación boliviana es el de la calidad. La formación que reciben nuestros niños y jóvenes es deficiente, y presenta todavía grandes brechas entre lo urbano y rural, y de género (aún hay más niños que niñas con acceso a la educación).

Por otro lado, el debate sobre educación, que debiera estar abierto a las voces y experiencias de quienes conocen la materia,  es pobre y ha quedado reducido a comentarios que critican más periodos de gobierno que políticas educativas. 

Si a ello sumamos que Bolivia no participa en  mediciones internacionales de calidad educativa, el panorama es desolador. 

Se ha reclamado con insistencia que el país participe en  pruebas como PISA -la más conocida, aunque no la única, que mide el rendimiento de los estudiantes en las principales asignaturas-, pero no se  ha logrado que así sea. El Gobierno denuncia que PISA es una medición "imperialista” y se niega a asumir el desafío de instaurarla a nivel nacional. 

Para demostrar que esta prueba que toman muchachos y muchachas de 72 países en todo el mundo a los 15 años no es "imperialista”, se podría decir que China está incluida en la medición.
 
A propósito, Shanghái es una de las ciudades del mundo con mejores resultados, junto con otras de Europa y Asia. En América Latina, Chile encabeza la lista.

Pero, las evaluaciones de calidad en la educación no son el único problema: hay que reconocer que las demandas en materia educativa son cada vez mayores y los recursos no crecen junto a ellas. 

Según señala  un reportaje de Página Siete, en diversos lugares del país existen acefalías en cargos de profesores y estas ausencias son costeadas por los padres de familia, que pagan a los maestros fiscales de su propio bolsillo. En algunas ocasiones les entregan un sueldo mínimo, que es de 2.000 bolivianos, y en otros sumas menores.  De no hacerlo, los estudiantes no cursarían algunas materias durante el día. Estas materias son generalmente aquellas que no están consideradas como prioritarias (como computación e inglés), pero que a juicio de los padres son importantes para la formación de sus hijos. Hay acefalías también en otras materias o cargos. 

Las juntas de vecinos, que se encargan de estos asuntos, señalan que en muchas ocasiones los cargos no son llenados pese a que se realizan innumerables convocatorias. Para salvar el problema, los padres invitan a los profesores a que trabajen "ad honorem”, mientras el ítem sea aprobado oficialmente. Como los profesores no pueden trabajar sin un salario, son los padres los que reúnen dinero y pagan a fin de mes. En algunos casos, son los niños los que deben entregar un boliviano cada uno al maestro, por día. Si fueran 30 alumnos, por 21 días de trabajo, el profesor recibiría 630 bolivianos al mes por curso. Son cifras que reflejan la pobreza boliviana.
 
Pero también el desorden  y la falta de una adecuada jerarquización de las necesidades. 

La nota referida  menciona, por ejemplo,  que se destinan 281 ítems para la urbe alteña; sin embargo, para cubrir las falencias de los 14 distritos  son necesarios cerca de  450. El Ministerio de Educación ha reconocido que hay un "déficit histórico” de profesores en dos unidades educativas puntuales, pero los ejemplos son más y hablan de otro importante aspecto en el problema educativo: la cantidad y calidad de los maestros. 

Es evidente que aunque la planilla del Estado es ampulosa en el sector educativo, no es porque haya suficientes maestros y de buena calidad. Al contrario. La formación de maestros en el país tampoco está a tono con las exigencias de una educación moderna y competitiva, que es lo que el mundo luego exige a los jóvenes que desean incursionar en el ámbito profesional.

Mientras se opere con la lógica de que el maestro boliviano es mal pagado, mal formado y, por otro lado, no puede ser despedido de su cargo así no tenga un buen desempeño, seguiremos arrastrando no sólo la precariedad en la calidad de la enseñanza sino  de  las condiciones materiales de la misma.

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