editorial

Que nadie nos cuente sobre el TIPNIS

domingo, 27 de agosto de 2017 · 00:00
No fue fácil tomar la decisión de enviar un equipo periodístico al TIPNIS porque en días previos un grupo de periodistas y de asambleístas de Cochabamba había sido impedido de ingresar a la zona en medio de una acción de amedrentamiento de parte de los cocaleros que habitan en el Polígono Siete, la zona colonizada.

Sin embargo, ante la pugna política entre el oficialismo y la oposición que amenaza con convertir a los medios en cajas de resonancia de sus posiciones, se impuso la necesidad de viajar para documentar lo que realmente está sucediendo en torno a la polémica sobre la construcción de una carretera y la tensa relación entre indígenas y cocaleros.

La periodista Beatriz Layme y el reportero gráfico Álvaro Valero se desplazaron tanto en el Polígono Siete como en el interior del parque sin identificarse como periodistas, lo cual está permitido por los códigos de ética siempre que ésta sea la única manera de acceder a una información de alto interés informativo. De otra manera, no se hubiera podido lograr el objetivo.

El trabajo fue plasmado en una serie de cinco entregas, en las que se puedo establecer lo siguiente: 

1. Los indígenas que aún viven en el Polígono Siete son peones de los cocaleros que colonizaron la zona, lo que es apenas una muestra de lo que pasará una vez que se abra la carretera y que los cocaleros ingresen a colonizar el resto del parque. Los verdaderos dueños del territorio serán sometidos a la lógica económica de los recién llegados.

2. La Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) acelera la construcción de tres puentes y el municipio de Villa Tunari mantiene en la zona maquinaria para ensanchar la vía. 

Esta constatación prueba dos cosas. Por un lado, que la ley que levanta la intangibilidad del TIPNIS fue aprobada para legalizar los trabajos que ya se encuentran en curso. Y, por otro lado, demuestra que la carretera sirve, básicamente, a los colonizadores que sacan, entre otras cosas, la coca para su venta en el mercado de Aroma.

3. Los cocaleros imponen la ley del miedo y la zozobra en el TIPNIS. Los periodistas de Página Siete fueron  interrogados sobre el motivo de su presencia en el lugar, tuvieron que andar de madrugada para burlar los controles, fueron perseguidos y no pudieron tomar fotografías con libertad. Este reportaje demuestra que el Estado de derecho no rige en todo el territorio nacional y que existen zonas controladas por sindicatos de colonizadores y cocaleros, como en este caso, el Polígono Siete, lo cual es una flagrante vulneración de los derechos a la libre locomoción y a la libre expresión.

4. La vida en el TIPNIS transcurre de manera simple y natural. Entre los indígenas existe una lógica de vida totalmente opuesta a que la rige entre los colonizadores y los habitantes de las ciudades.
 
En el TIPNIS, cuando la gente tiene hambre, desentierra unas yucas y saca un pescado del río para cocinar. En cambio, según ellos mismos cuentan, los colonizadores trabajan para tener casas, vehículos y mucho dinero. Los unos no entienden a los otros. Los cocaleros creen que los indígenas son flojos, mientras que éstos no logran entender para qué los colonizadores acumulan tanto. Estas tensiones se acentuarán cuando la carretera y los colonizadores ingresen más adentro.

5.  Después de la derrota de 2011, el Gobierno recurrió a la prebenda en el TIPNIS para volcar las opiniones de los indígenas respecto a la carretera.  A estas alturas se podría decir que lo está logrando porque muchos indígenas, entre ellos, algunos que marcharon en 2011, se sienten ilusionados con la apertura de la vía porque creen que su vida cambiará y que los regalos que en este tiempo les envió Evo Morales  llegarán con más facilidad por la carretera. Eso sí, no quieren saber de los colonizadores porque se apropian de la tierra, cultivan coca e imponen su lógica de acumulación.

Esto quiere decir que la mayor resistencia al Gobierno, ahora, está en las ciudades y habrá que ver cómo encara esta pelea que no solamente es ecológica, sino también política.

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