Editorial

Campaña para revertir efecto Haya

miércoles, 10 de octubre de 2018 · 00:15

El Gobierno está embarcado en una intensa campaña para revertir el efecto negativo causado por el fallo adverso de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) sobre nuestra centenaria demanda marítima.

Se podría decir que el Gobierno está construyendo una posverdad sobre el fallo de La Haya o, para ponerlo al estilo de Donald

Trump, está difundiendo “hechos alternativos”. Lo cierto es que está propalando mentiras para mostrar que el país salió ganando en el juicio contra Chile.

Tan seguro estaba de la victoria, el Gobierno, que no preparó el discurso y menos una estrategia en caso de que el fallo fuera desfavorable.

Tal es así que al día siguiente del dictamen el presidente Evo Morales arremetió contra los jueces de La Haya, a quienes acusó de beneficiar a los invasores y las transnacionales. Calificó el fallo de injusto y contradictorio y anunció el envío de una carta de reclamo a Naciones Unidas o a la misma Corte.

Hasta ahí parecía que el Gobierno había decidido descalificar el fallo y a los jueces. Sin embargo, horas después, el mandatario sentenció que los que sostienen que Bolivia fue derrotada en La Haya son “prochilenos”. Señaló que si la Corte hubiera dicho que el Tratado de 1904 resolvió el diferendo estaríamos hablando de una derrota. Y lo dijo como si Bolivia hubiera demandado el cambio del mencionado tratado. Nada más falso.

Entonces, primero dice que fue un mal fallo y luego insinúa que fue un buen fallo. ¿En qué quedamos?

Claramente fue un pésimo fallo. La Corte, por 12 votos contra tres, decidió que Chile no adquirió la obligación de negociar con Bolivia. Uno a uno, los ocho argumentos presentados por el país fueron desmoronados por el tribunal.

Pese a la evidencia, el Gobierno cambió completamente la estrategia inicial de descalificación de la Corte para mostrar las supuestas bondades del fallo para el país.

El vicepresidente Álvaro García Linera, en un acto de adoctrinamiento de niños en los que acostumbra presidir, aseguró que la Corte le dijo a Bolivia “sí, pero no”. Sin ruborizarse agregó que “en una parte nos dijo no, en otra parte nos dijo sí”.

García Linera nos tiene acostumbrados a las fórmulas matemáticas que le permiten hallar empates allá donde sólo hay derrotas. El empate catastrófico, el empate democrático, el empate técnico del 21F y ahora el empate de La Haya salieron de sus elucubraciones. Por eso, el asunto del “sí, pero no” se convirtió en un chiste viral.

Sin embargo, quien le puso argumentos jurídicos al asunto fue el ministro de Justicia, Héctor Arce. En un artículo publicado en El Deber describió ocho argumentos favorables a Bolivia en el fallo de La Haya. Se refirió a los 400 kilómetros de costa con los que nació Bolivia, a los asuntos pendientes con Chile, a los diálogos pasados y a la libertad que tenemos en adelante bolivianos y chilenos de seguir dialogando cuanto queramos.

La mención de los ocho argumentos es como leer los considerandos de una ley y creer que esa es la ley. Lo cierto es que la Corte no podía dejar de mencionar que Bolivia nació con mar, tampoco podía ignorar que en el pasado Bolivia y Chile dialogaron y, peor aún, no podía prohibir que en el futuro ambos países siguieran dialogando si así lo veían conveniente. Son obviedades en las que Arce sujeta sus argumentos para decir que hay ocho aspectos favorables a Bolivia sin mencionar que perdimos 12 a 3.

De seguir por este camino, en un próximo paso, el Gobierno podría desempolvar los 200 km de bandera azul para celebrar el fallo de La Haya, tal como ya lo hicieron los periódicos oficialistas.

El fallo fue una derrota para Bolivia y un retroceso histórico en nuestra centenaria demanda marítima. ¿Cuesta tanto que el Gobierno lo reconozca y haga algo de autocrítica?

No lo hace porque la verdad pone en riesgo su proyecto de poder y por eso inventa fallos favorables, posverdades y hechos alternativos. En una palabra, miente porque la verdad es lapidaria para sus fines.

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