Editorial

Migrar o morir, el cáncer en Bolivia

domingo, 21 de octubre de 2018 · 00:10

Aunque el presidente Morales se ha enterado hace poco del drama que viven los enfermos de cáncer en Bolivia por la falta infraestructura, especialistas, medicamentos, etc., ha habido mucha gente, desde hace años, llamando la atención sobre las precariedades del país en torno a esta enfermedad.

A tal punto que se han formado asociaciones de pacientes y de familiares que han llevado adelante numerosas movilizaciones; se han crucificado, han bloqueado, han clamado por acceder a tratamientos y paliativos que mejoren su condición.

Junto con ellos, algunos especialistas con sensibilidad humana fueron alertando a los medios de esta situación y también de diversas irregularidades que se presentan en los hospitales que tratan esta enfermedad: desde ausencia de especialistas adecuados (en cantidad y calidad) hasta tráfico de pacientes. Un cuadro de absoluta desesperanza.

Sin embargo, no fue hasta que, en marzo pasado, algunas de estas irregularidades rebasaron la paciencia de las víctimas, que las denuncias tomaron forma y Página Siete pudo finalmente recogerlas y hacerlas públicas, derivando estas revelaciones en la intervención de la Unidad de Radioterapia del Hospital de Clínicas, el desarme de una red de extorsión, engaños y tráfico de pacientes y la aprehensión de seis personas entre médicos y administrativos.

Así empieza una investigación que tiene un punto culminante -que no final- el pasado jueves con la publicación de un dossier de 16 páginas que retrata el estado de los enfermos de cáncer en los nueve departamentos del país.

La investigación, realizada con compromiso por periodistas de Página Siete, desvela que el drama es peor del que pensábamos. En La Paz, donde se inicia este reguero de malas noticias, al menos se cuenta con alternativas de tratamiento: en la mayor parte del país -cinco de nueve departamentos- no existen centros oncológicos; en algunos no hay ni un solo especialista; en la mayoría no se puede diagnosticar la enfermedad y tampoco acceder a ningún tratamiento paliativo. Migrar o morir, es la realidad de quienes padecen esta dolencia.

Mientras en el mundo se avanza en la prevención y tratamiento de este mal -incluso se ha dado recientemente un premio Nobel en medicina a una alternativa para curar algunos tipos de cáncer-, en Bolivia sigue siendo sinónimo de desgracia y muerte.

Las familias deben deshacerse de todos sus bienes para migrar en búsqueda de tratamientos; o se desestructuran ante el drama; o, como la madre del niño que murió hace escasos días, el Chumita, delinquir para poder acceder a los costosos, inaccesibles, medicamentos que se requieren.

Algo está mal en un país donde sus autoridades no sintonizan con sus más sentidas necesidades. Mientras nuestro mandatario -que ha reaccionado ofreciendo costear por un año el tratamiento a los 12 pacientes del principal hospital de La Paz que requieren radioterapia- está tomando conocimiento de este drama, las cifras hablan de 93.282 casos de cáncer en Bolivia, 65,4% mujeres, de acuerdo con el CEDLA. El promedio anual es de 18.656 casos; es decir, que 14 personas se reportan cada día con esta enfermedad.

Si esto pasa con el cáncer, ¿qué sucede con tantas otras enfermedades que requieren tratamientos especializados

Lo que ha revelado este trabajo periodístico no es más que la punta de un ovillo que nos ha ido mostrando con crudeza la profunda crisis de salud de nuestro país y la orfandad de los ciudadanos bolivianos ante cualquier enfermedad: no hay recursos ni materiales ni humanos cuando enfermamos, esta es la triste conclusión.

Y esto es lo que se reclama a los gobernantes. No es aceptable que se den por enterados cuando las cosas llegan a este estado, ni que en el periodo de mayor bonanza de nuestra historia no hayamos podido salir de la miseria que caracteriza a nuestros servicios de salud. Ofrecer tratamiento gratuito a un puñado de pacientes o decir que se están construyendo hospitales no resuelve un problema para el que necesitaremos años y muchos recursos económicos y humanos.

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