Editorial

Sufrimiento por pago del 2do aguinaldo

viernes, 07 de diciembre de 2018 · 00:15

El pago del segundo aguinaldo es tan perjudicial para las empresas y la creación de empleo, que el Gobierno se ha visto obligado a darles facilidades de pago a las compañías. Para algunas empresas entregar el segundo aguinaldo puede ser la diferencia entre seguir con vida o cerrar sus puertas.

El Gobierno impone una medida “ciega” a todo el sector empresarial, desde los bancos que tienen importantes utilidades, hasta pequeños supermercados o productores de mermeladas. Por lo tanto, el impacto de esa medida es también diferente. Las grandes empresas pueden enfrentar la decisión de mejor manera, pero el 80% del total, que son empresas medianas, pequeñas y micro, lo hacen con muchas penurias o, simplemente, desapareciendo.

Ante la preocupación empresarial, el vicepresidente Álvaro García Linera anunció que se le otorgará a ese sector un plazo para el pago del segundo aguinaldo, probablemente hasta marzo o abril del próximo año.

La otra concesión de García Linera es permitir que una parte de ese segundo pago se cancele en especie. Ello es posible en algunas áreas, por ejemplo, los productores de alimentos u otros, pero no en todos. También se ha hablado de que los productos comprados sean de marca boliviana, pero no necesariamente de la empresa que paga el beneficio, lo que si bien podría dinamizar en alguna medida la economía, no alivia la carga del empresario.

Esta demagógica y polémica medida gubernamental afecta también a municipios, gobernaciones y universidades, que en muchos casos no saben cómo pagar y terminan recurriendo al endeudamiento. Pero al régimen nada le importa con tal de aumentar en algo su desprestigiada imagen e intentar lograr una cantidad mayor de votos en los comicios del próximo año.

La medida es aún más polémica por las dudas que existen de que si la economía realmente, durante 2018, creció en más de 4,5%, que es la cifra designada por la norma para pagar el segundo aguinaldo. Un estudio de Inaset, una entidad especialista en temas de empleo y desarrollo, detectó contradicciones en la manera cómo el Gobierno mide el crecimiento. Usando datos del propio INE, el estudio concluye que es improbable (si no errado) que sin que hubiera existido un aumento de la superficie cultivada y de la producción, el sector “agrícola no industrial” (es decir, la producción campesina), creciera en 8,7%. El crecimiento promedio de los años anteriores había sido de 2%. Para que la economía en su conjunto se incrementara en 4,5%, el Gobierno tuvo que “forzar” el aumento de la agricultura tradicional a casi 9%. Francamente grosero.

 

 

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