Medioambiente y tragedia en Tiquipaya

miércoles, 14 de febrero de 2018 · 00:00

 La necesidad de cuidar la naturaleza no se basa en razones románticas o sentimentales, sino en la conciencia de que sin ella no puede haber vida humana segura y sostenible. Muchas veces en el pasado quienes defienden el medioambiente han sido caracterizados por autoridades del Gobierno (por ejemplo el vicepresidente Álvaro García Linera) como “colonialistas” o “soñadores”. En 2015, en una ya tristemente famosa arremetida contra cuatro ONG bolivianas, a las que amenazó con expulsar del país, García Linera señaló que “el imperialismo” ahora utiliza “el mensaje ambientalista” para intentar desestabilizar al Gobierno. Dijo también que nadie obligará al país a ser “guardabosques del imperio”.

En otras oportunidades, García Linera y otras autoridades han menospreciado los efectos de la deforestación en el país. En una ocasión, en 2016, el Vicepresidente dijo que Bolivia tiene unos 59.000 millones de árboles, es decir siete veces más que Alemania, tres veces más que Japón y Chile y el doble que Suecia. Su conclusión es que la deforestación no debe preocupar al país. La realidad es, lamentablemente, la contraria.

La deforestación, los chaqueos, la ampliación de tierras para cultivos y la falta de manejo integrado de cuencas son, según los expertos, los causantes de la riada en Tiquipaya. Los últimos acontecimientos en esa localidad, donde una mazamorra ingresó al área urbana y dejó un saldo negativo de muertos y desaparecidos, demuestran la necesidad de cuidar el medioambiente. Lo que se le hace a la naturaleza, ésta lo devuelve con creces. En esa zona también se encuentra el Parque Tunari, que es víctima de chaqueos e incendios, que las autoridades no controlan.

Óscar Campanini, experto en recursos hídricos del Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB), dijo a Página Siete que el bosque se ha reducido considerablemente en las cercanías a Tiquipaya, al mismo tiempo que ha aumentado la “mancha urbana”, lo que debilita el suelo, favoreciendo el paso de la mazamorra.

Además, se han constatado edificaciones ilegales que sólo demuestran que este municipio, hoy sumido en la desgracia, estuvo librado a su suerte, con la negligencia o quien sabe la complicidad de sus autoridades.

En la década del 90, cuando el Estado se preocupaba de temas de mayor largo plazo, existía en manos de la exprefectura el Programa Manejo Integral de Cuencas (PROMIC), que lamentablemente ha sido suspendido. 

Todos los bolivianos, pero sobre todo las autoridades, debemos aprender de esta tragedia. A veces no se puede hacer nada contra el comportamiento de la naturaleza. Pero en muchas ocasiones las consecuencias de ello se deben a la acción de las personas.

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