Violencia carnavalera y alcohol

sábado, 17 de febrero de 2018 · 00:03

Con más de 50 muertos, Bolivia vivió este 2018 un violento Carnaval. La Policía, como suele hacer cada año, indicó que el porcentaje de fallecidos se redujo en comparación a la gestión pasada. Lejos de la estadística, cualquier pérdida de vida humana debería ser motivo de preocupación, más aún si son muertes violentas, como las ocurridas en dos explosiones en Oruro, en accidentes de tránsito y a causa de  feminicidios.

El Carnaval es una fiesta de excesos, aunque no tiene por qué serlo. La celebración dura en el mejor de los casos cuatro días (de sábado a martes) y en el peor de los casos se extiende hasta el Domingo de Tentación. Con tantos días de juerga, los ánimos se exacerban con el excesivo consumo de alcohol, lo que deriva en accidentes de tránsito o en crímenes contra personas.

Un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) presentado en octubre del año pasado estableció que seis de cada 10 universitarios bolivianos consumían bebidas alcohólicas, lo que ubicó al país en la cúspide de este problema.

Si todo el año el consumo de alcohol es un problema, durante las fiestas de Carnaval el problema adquiere la categoría de drama porque deriva en violencia.

Este año, el reporte de la Policía indica que 18 personas murieron en accidentes de tránsito, mientras que se levantaron 11 cadáveres producto de broncoaspiración o caídas. Indica también que 10 personas fueron asesinadas en riñas y peleas de diverso tipo.

Entre tanto, 12 personas perdieron la vida en dos explosiones ocurridas en Oruro el sábado y martes de Carnaval, aunque las causas están aún en investigación.

El alcohol, sin embargo, no puede ser un justificativo o un pretexto para cometer un acto violento. Lo que hace es sacar a flote las peores formas de comportamiento de un ser humano. Así se explica por ejemplo que este año se hayan producido cinco feminicidios, cuatro en El Alto y uno en La Paz, durante los días de Carnaval.

El Carnaval, para lo que quieren festejar, debe ser motivo de alegría, pero, en contrapartida se deben tomar acciones estatales para frenar la muerte injustificada de personas en medio de la fiesta. Por ejemplo, se deberían establecer mayores controles para evitar la conducción de vehículos por parte de personas ebrias, generar parámetros de seguridad para las grandes concentraciones de gente y, sobre todo, educar a los nuevos bolivianos en la casa y en la escuela sobre la alegría no asociada al alcohol.

Es una vergüenza que el país encabece las listas de los mayores bebedores de alcohol, eso habla muy mal de nuestra educación y de nuestras prioridades como sociedad.

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