Editorial

El Vice y la manzana de la discordia

sábado, 28 de abril de 2018 · 00:00

Se han escrito tratados sobre la caridad y ninguno ha conseguido sacarla de entre las más nobles virtudes. La sensibilidad de  dejar unas monedas (o una manzana) a un desposeído no tiene necesariamente que ser criticada; de serlo sólo puede ser producto de la mala intención y/o la envidia.

Al menos eso opinan los comunicadores de la Vicepresidencia, que acompañan fielmente al segundo mandatario. Por eso, ni los diligentes asistentes del Vice, ni él mismo, entienden qué ven de malo en la escena de caridad y condescendencia que ayer se viralizó en las redes sociales causando todo tipo de reacciones.


Ya hemos dicho que la caridad es una virtud altamente valorada, aunque alivia más el alma de quien la ejerce que de quien la recibe. Son muchos los críticos de la limosna, practicada en puertas de iglesias y calles céntricas, pues no hace otra cosa que multiplicar mendigos.  De eso no tiene la culpa el Vice, pero algo que todos los bolivianos sabemos es que de indigentes y mendigos se ha llenado el país, al punto que urge y se reclama una política que en vez de alentar su permanencia intente su inserción social o su recuperación y tratamiento -en caso de quienes mendigan producto de una enfermedad, discapacidad o adicción-.  Punto aparte para las denunciadas mafias que explotan y esclavizan a niños o personas  llegadas de las áreas rurales con el fin de hacer negocio. Conviene citar al mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo que dice: “la única  manera de salir de la pobreza no es con caridad sino con empleo”. ¿Qué entidad sino el Estado, a quien el Vice representa, puede percatarse de aquello?


El segundo rasgo es el de la condescendencia, propia del poderoso o el soberbio. La genuflexión en este caso ayuda, más todavía si además de compartir un alimento con quien pasa hambre, el Vice regala dinero (100 bolivianos no es poca cosa, a pesar de la inflación).  La expresión: “bien, jefe”, que se desliza en el video, sumada a la explicación de la unidad de comunicación de la Vicepresidencia que se apresuró a aclarar que además de la manzana de la discordia había un aporte en efectivo, no hace sino evidenciar una puesta en escena. Como para recordar aquello de que “lo que haga tu mano derecha que no lo sepa tu izquierda”.


Compasión, solidaridad, es otra cosa. Es solucionar, ponerse en el lugar del otro, y esto no lo hace ni el Vicepresidente ni nadie en este país con los mendigos.


Pero, nobleza obliga. ¿Por qué la crítica a un acto que finalmente no es perverso? Esa es la pregunta que incomoda, y es que pareciera que ya nadie puede ni quiere creerle al Vicepresidente.  Es otro asunto, claro, pero no deja de llamar la atención. 
 

465
26

Otras Noticias