Editorial

Hay vida más allá del gas y la minería

viernes, 10 de agosto de 2018 · 00:15

Hay vida más allá del gas y la minería. La gente tiene sus propias dinámicas, sus propias inversiones, genera sus propios recursos y empleo. Esa es la conclusión que salió de un producto especial que elaboró Página Siete en ocasión del 6 de agosto, en el que puso énfasis en las nuevas vocaciones productivas de los departamentos.

El sino de Bolivia ha sido y sigue siendo la extracción de materias primas, lo que ha convertido el país en dependiente de los precios internacionales. Eso, al margen del daño ecológico que provocan estas actividades.

Si bien las nuevas actividades productivas están lejos de compararse con los altos ingresos que reporta la venta de gas, de minerales y de la agroindustria cruceña, pueden ser el puntapié inicial de un nuevo modelo de desarrollo.

A diferencias de las actividades extractivas, que llevan divisas al Tesoro General del Estado, las nueva vocaciones productivas generan recursos directos para la gente, además de ser una importante fuente de empleo, lo que no ocurre con la explotación de gas, por ejemplo.

En el producto especial de este medio, encontramos que La Paz está encarando un fuerte desarrollo de su gastronomía asociada al turismo y otros servicios. Santa Cruz está viviendo un auge de la construcción. Cochabamba, en cambio, ha puesto los ojos en la tecnología, gracias al aporte de formación de la fundación Jala. En la actualidad existen unas 80 empresas dedicadas a este rubro en la capital del Valle.

La tecnología parece ser la vocación productiva no aprovechada, tal como lo demuestra también Chuquisaca en el desarrollo de la robótica, gracias al empuje de la Universidad San Francisco Xavier.

Tarija, que es la dueña del gas de exportación, está encarando una revolución productiva gracias a la cadena de la uva, el vino y el singani. Sin embargo, ha dado un paso más y ha desarrollado otras cadenas como la de jamones, quesos, berries, mieles y hortalizas.

Beni está apostando con fuerza al cultivo de cacao, la materia prima del chocolate que, dicho sea de paso, fue calificado como uno de los mejores del mundo. Pando nos invita a saborear el asaí, otro de los frutos de la selva. Oruro y Potosí, departamentos tradicionalmente mineros, también tienen el plan B para sus economías. El primero desarrolla el comercio, la quinua y los camélidos y el segundo aspira a atraer más turistas. Como se puede ver, no sólo de gas y minerales vive Bolivia. También es capaz de pensar en nuevos emprendimientos. Lo que falta es que el Gobierno acompañe esta emergencia productiva y que deje de apostar únicamente a las materias primas.

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