Editorial

Compromiso con la democracia

sábado, 19 de enero de 2019 · 00:15

Finalmente, el jueves terminó el ayuno voluntario que algunos activistas estaban llevando a cabo en diferentes ciudades del país, en demanda del respeto al 21F y su mandato: la no repostulación de los mandatarios de los  últimos 13 años, Evo Morales y Álvaro García Linera.

Durante más de tres semanas, estos activistas políticos se concentraron en llamar la atención  del Gobierno,  la oposición y de la ciudadanía en torno a una consigna que consideran innegociable: el respeto al resultado del referendo del 21 de febrero de 2016.

A estas alturas, cuando ya no existe la posibilidad de evitar el atropello a este resultado democrático y prácticamente ha sido impuesta la candidatura de Evo Morales y Álvaro García Linera, esta demanda cayó en la indiferencia. Y es lamentable, pues además de implicar un enorme sacrificio personal de activistas como Alejandro Almaraz en Cochabamba, o Henry Rojas en La Paz, esta invocación es central para la discusión política actual y no debe ser soslayada.

Aunque claramente se ha orquestado la violación a la voluntad popular, los partidos de la oposición pudieron tener una mayor solidaridad con estas personas que defienden la premisa central de estos tiempos: el rechazo ciudadano -independientemente de las posturas ideológicas- ante el autoritarismo y el abuso de imponer la voluntad de un partido a la del pueblo boliviano.

Hay más: se ciernen sobre el país otros riesgos, como la politización/instrumentalización del Órgano Electoral, que cubre con un manto de incertidumbre lo que hasta ahora era un espacio de garantías para la democracia boliviana: la transparente gestión del voto.

Cuando faltan casi 10 meses para la elección, es esperable que antes de electoralizar el debate, podamos ser firmes como sociedad ante la exigencia de estas dos condiciones: el respeto del 21F y la restitución de la confianza en el TSE.

El presidente candidato Evo Morales sostiene que ante la “mentira”, “racismo” y “provocación” del referendo del 21 de febrero de 2016 (21F), que rechazó su reelección para 2020-2025, se impondrán  la “verdad”, la “tolerancia” y la “revolución democrática” en las Elecciones Primarias del 27 de enero de 2019 (27E). 

Esto muestra que lo que se busca con las venideras Elecciones Primarias (una elección sin candidatos) es legitimar a quienes no debieran estar en las listas.

Esta ha sido la causa del sacrificio de los huelguistas y debiera ser la de la ciudadanía. No podemos renunciar a la participación electoral, pero ésta no debe nublar la demanda de las premisas centrales de defensa de nuestra democracia por encima de todo.
 

 

 

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