Editorial

Un gabinete duro para el prorroguismo

viernes, 25 de enero de 2019 · 00:15

Evo Morales sabe que tendrá que enfrentar uno de los años más difíciles de su gobierno. Un año en el que pretende asegurar su continuidad en el poder, a pesar de que ello implica  la  violación de la Constitución Política del Estado.

Para lograr ese objetivo ha posesionado a un gabinete duro y electoral. El propio mandatario ha reconocido tal extremo. “A los nuevos ministros que se incorporan, algunos retornan, con una enorme responsabilidad por una parte acción pública, pero también acción política hacemos gestión con una buena administración”, dijo en el acto de posesión. 

La decisión, en todo caso, no es para extrañarse, pues las campañas del MAS son encabezadas por los ministros,  que se distribuyen el país de acuerdo a su ascendencia en las diferentes regiones.

Los nuevos ministros que componen el ala dura y política del gabinete son figuras históricas y claves del régimen, como Juan Ramón Quintana (Presidencia) y Óscar Coca (Obras Públicas), quienes regresan al gabinete luego de haber cumplido otras funciones. Nélida Sifuentes (Producción) tiene también un perfil político por su fuerte presencia en Chuquisaca y entre la nación quechua. 

Para mostrar resultados en la gestión, el Presidente ha recurrido también a sus cuadros más importantes y tan duros como los políticos. Se trata de Luis Arce (Economía) y Gabriela Montaño (Salud), dos fichas asociadas a la eficiencia, pero también a la intransigencia.

La estabilidad y el crecimiento económico son las cartas de presentación del Gobierno tanto dentro como fuera del país y el logro es atribuido a Luis Arce, quien se alejó del gabinete aquejado por un cáncer. Mientras que la gran debilidad del oficialismo es el paupérrimo sistema de salud, donde Gabriela Montaño tendrá todo para hacer. La aplicación del Sistema Único de Salud (SUS) es apenas el punto de partida para mostrar que el Gobierno realmente se preocupa por los más vulnerables.

La posesión de Milton Gómez (Trabajo) obedece a la negociación del gobierno con la Central Obrera Boliviana (COB), que cobra su apoyo al oficialismo en cargos.

La única figura disonante con esta línea política es Manuel Canelas (Comunicación), conocido más bien por su perfil concertador. Habrá que ver cuál es el sello que le pone a su gestión, puesto que dos de sus predecesoras, Amanda Dávila y Gisela López, ingresaron con un perfil parecido, pero terminaron convirtiéndose en las principales detractoras de la prensa libre.

Puestas así las cosas, queda claro que se viene un año difícil, pero no sólo para el MAS, sino para el país en su conjunto. Quintana, que hasta ahora ejerció como embajador de Bolivia en Cuba, es conocido por su perfil confrontacional y por valerse de métodos no precisamente nobles. Es su tercera posesión como ministro, lo que indica que es un hombre resistido, pero necesario para el régimen.

Por otro lado, llama la atención que Morales haya decidido mantener a algunos ministros cuestionados, como Luis Alberto Sánchez (Hidrocarburos), quien ha inflado las expectativas sobre el gas sin resultados concretos; o como César Cocarico, cuyo hermano está preso por un caso de tráfico de tierras, en directa relación con el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras.

Tampoco ha removido a la ministra de Culturas, Wilma Alanoca, pese a su resistida gestión en el ámbito cultural del país. Ella es una cuota de El Alto y como tal se mantiene en el gabinete.

La ratificación de Carlos Romero en el gabinete, en cambio, es comprensible porque mantiene controlada a la Policía y es el operador político de Santa Cruz. 

También se enmarca en los objetivos de este año politizado el ministro de Justicia, Héctor Arce, quien ha sido ratificado en el cargo. Él es uno de los hombres de confianza del Presidente  y maneja la relación con el Órgano Judicial que, como se sabe, es una relación de dependencia.

Estos son los rostros elegidos en función a los objetivos del último año de la gestión constitucional de Morales.

 

 

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