El discurso del presidente del TSJ

domingo, 06 de enero de 2019 · 00:15

El problema con el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, José Antonio Revilla, es que parece no haber entendido exactamente cuál es el cargo que ocupa. En su discurso de apertura del año judicial 2019 dijo, en primer lugar, que “hablaba a nombre personal”, lo que no corresponde para el presidente de  un poder del Estado. En segundo lugar, en vez de informar que requerirá un presupuesto mayor al Legislativo, que es donde se aprueban los fondos para entidades estatales, Revilla le pidió al presidente Evo Morales recibir recursos del programa Evo Cumple.

O sea que el presidente de un poder del Estado le pide (casi le ruega) al presidente de otro poder que tenga la voluntad de darle más recursos. Como pedir una limosna.

Revilla, un abogado del que no se tenían mayores referencias hasta que fue elegido por el 0,7% de los votos emitidos a nivel nacional y 12% de los de Chuquisaca en las ilegítimas elecciones judiciales de 2017, demostró escasa estatura para el importante cargo que ocupa. Habló en su discurso del 3 de enero como si fuera un ministro o viceministro más de Morales, con alusiones al “Vivir Bien”, al “imperialismo” y otras muletillas propias del oficialismo. Lo más preocupante de su discurso, sin embargo, fue su arremetida contra los periodistas.

Después de un informe de 40 minutos lleno de estadísticas, algunas redundantes, Revilla informó que hace tres meses su institución implementó la denominada Agencia Judicial de Noticias. Eso es algo normal, propio de sus funciones, que no debería llamar la atención de nadie. De hecho, muchas entidades estatales tienen servicios de información de ese tipo. Lo preocupante es por qué fue creada esa agencia: explicó que lo hizo porque “la prensa no es precisamente objetiva (…) el éxito del poder y la información ya está en manos nuestras, no en manos tergiversadoras o manipuladoras”, en referencia al trabajo de los medios.

El magistrado machacó con la idea de que el manejo de la información es “muy serio” como “para dejar(lo) en manos de los tergiversadores, los manipuladores de la información”. Agregó que la información no puede ser “monopolio de determinada prensa tergiversadora, por no decir activista en contra de determinados proyectos”.

Como era de esperar, tamaña generalización y ataque a los periodistas obtuvo como respuesta fuertes críticas. Las palabras de Revilla, un personaje afín al Gobierno, podrían ser parte de una estrategia de endurecimiento en el trato a los periodistas y, en general, a los disidentes. Revilla ha empezado a dar el tono de cómo podría ser el año electoral que se inicia.

Además, no se refirió a los grandes retos y problemas que tiene la justicia. Como si viviera en un universo paralelo, el presidente del ente judicial dijo que en Bolivia no existe “retardación de justicia”, lo que es, obviamente, un absurdo. Alrededor del 70% de los detenidos, para información de Revilla, quien aparentemente no lo sabe, no tienen una sentencia, uno de los porcentajes más elevados de la región.

Más bien dio una frase ininteligible: “En la actualidad no existe retardación de justicia y lo que hay es un prejuicio burgués”. Pocos entendieron lo que quiso decir con ello. En todo caso, la mayoría de los  presos sin sentencia son los pobres, no los “burgueses”.

No hizo mención a los escándalos en los que se ven involucrados jueces y fiscales con tanta frecuencia. El personero pudo haber mencionado, por ejemplo, que el médico Jhiery Fernández estuvo preso durante cuatro años, pese a que los operadores de justicia y las autoridades sabían de su inocencia.

Tampoco dio un informe claro de cuántos recursos, materiales y humanos necesita la justicia para trabajar mejor y qué se debe hacer para sacarla de la crisis de credibilidad en la que está sumida.

Entre otra de las extrañas frases que dio estuvo esta otra: “La crítica de los activistas, los autoexcluidos (y) de quienes no creen en la democracia, no nos amedrenta”. ¿Se refería, quizás, a los activistas del 21F? ¿Ellos son los que no creen en la democracia cuando precisamente exigen que se respete el voto popular? La confusión ideológica y mental de Revilla, además de su sumisión al poder, saltan a la vista.

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