Editorial

De derechas, izquierdas y outsiders

viernes, 11 de octubre de 2019 · 00:15

Incertidumbre sigue siendo el sello de la actual campaña electoral, la más reñida y también definitoria del último tiempo.

Incertidumbre, porque aunque el presidente que impuso su candidatura, Evo Morales, sigue liderando los sondeos, nada puede asegurar enfáticamente que logre evitar la segunda vuelta. Y si se da el balotaje, puede que todos los votos opositores finalmente se reúnan y hagan ganador a su principal rival, Carlos Mesa.

Pero, para que esto se dé falta un camino que todavía se presenta sinuoso. Ni el MAS tiene la fuerza que se pensaba -lo que no significa que esté derrotado-, ni la oposición ha seguido el curso previsto.

Por el lado del MAS, a pesar de la enorme inversión en una campaña (la única millonaria entre todas) que ha copado todos los espacios posibles en medios, calles y actos, el peso del desgaste no es menor. 

A ello se suma el malestar nunca resuelto con la ilegalidad de la candidatura y los excesos y arbitrariedades del poder.

Pero, principalmente, han incidido en este estancamiento con tendencia a la baja que registran las encuestas  los incendios forestales que han logrado que Santa Cruz, una de las plazas más importantes de la elección, se incline más a favor de Mesa y Ortiz.

Tras el cabildo cruceño, Evo se ha apresurado a afirmar que solo el MAS garantiza la unidad de Bolivia y que ha renacido el separatismo y el racismo: una forma por lo menos simplona de evaluar la contundencia del malestar cruceño expresado en la multitudinaria convocatoria del 4 de octubre.

Del lado de la oposición no hay mejores noticias. La candidatura de Óscar Ortiz parece estar en su momento más difícil, luego de que su expectante tercer lugar ha sido arrebatado, al menos en seis de las nueve regiones, por un nuevo actor, el pastor presbiteriano surcoreano Chi Hyun Chung.

Chi con un discurso atrabiliario y reaccionario, primero llamó la atención, pero luego de hacerse notar ha empezado a cosechar adeptos, primero entre los evangélicos -según las cifras un 17% de los bolivianos- y luego entre los inconformes con todos los demás candidatos. 

El hecho es que Chi ha crecido y puede que sea la sorpresa de la elección, junto con la constatación de que ha sido verdaderamente efectiva la guerra mutua desplegada entre Ortiz y Mesa. 

Parece ser evidente que quien gana con esto sea Evo pero no es precisamente así: muchos de los grupos evangélicos están en zonas populares, áreas rurales y la región aymara, así que habrá que ver  a dónde va la dispersión de votos. Lo cierto es que ni a la derecha ni a la izquierda, no será la ideología la que incline la balanza final de estos comicios, sino la practicidad y, quizás, la excentricidad.
 

 

 

Confidencial

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