Tras la Chiquitania, ¿el turno de El Alto?

viernes, 18 de octubre de 2019 · 00:14

Aún no se han extinguido los fuegos en la Chiquitania, que han carbonizado  cuatro millones de hectáreas, territorio más grande que el tamaño de Suiza, cuando autoridades oficiales han inaugurado el Instituto de Medicina Nuclear en El Alto.

Recapitulemos: de retorno de uno de sus viajes de Rusia, Evo Morales anunció que había firmado un convenio para que ese país proveyera a Bolivia una planta de energía nuclear. Ahí se produjo un malentendido en cuanto a los propósitos del proyecto. Lo cierto es que cuando llegó a Bolivia, Evo dijo que la planta serviría para aumentar el potencial eléctrico del país y que sería un complemento  para convertir a Bolivia en la mayor fuente energética de la región. 

Para decidirlo, el mandatario no consultó a nadie, no preguntó por lo menos a las universidades si el país requería este tipo de energía; dio por descontado que la idea valía la suma de 300 millones de dólares, que implicaba la edificación y equipamiento de esa planta. No tomó en cuenta la reacción desfavorable de la prensa independiente y la opinión pública, y no se atrevió a imponer la construcción de la planta en una urbanización del sur, cuyos vecinos se negaron de plano a aceptarla, pensando en el desastre de Chernobyl, (Rusia) replicado luego en Fukuyama (Japón).

Una “junta de vecinos” afín al gobierno ofreció terrenos en El Alto, Distrito 8. El director de Rosatom, señor Alexey Likhachev, en febrero de 2018, explicó finalmente que la planta no produciría energía eléctrica, sino que permitiría la detección temprana del cáncer y la investigación geológica. Anunció que su vida útil sería de 50 años. 

Dos años atrás la oficina especializada en el tema de Naciones Unidas, después de una visita al país, indicó que Bolivia no contaba con personal calificado en el ramo y que mientras éste no se formara, no podía pensarse en la puesta en operación de una planta. 

Ya están en el país los aceleradores lineales y dos tomógrafos y es una buena noticia. Los enfermos de cáncer han luchado mucho tiempo por contar con un acelerador lineal, cuyo costo alcanza a tres millones de dólares. Lo que no se ha informado y que tiene un carácter gravísimo para el país, en medio de la crisis ecológica en la que vivimos y la probable disminución del caudal acuífero para las ciudades de occidente, es el volumen de agua que consumirá la planta considerada como (mediana). Basta una consulta a internet para enterarse que una planta de estas características consume 15.000 millones de litros por año para enfriar el ciclotrom y el complejo de radio, lo que significa que la planta consumirá toda el agua que pueda encontrarse en el altiplano, chupando sus nevados y lagunas, y ese consumo será por medio siglo. 

Para que se tenga una idea de la magnitud del caudal de agua requerido, anotemos que cada uno de los supertankers, el norteamericano y el ruso que han llegado a Bolivia para sofocar incendios, es capaz de cargar 10.000 litros de agua por viaje. La pregunta clave es entonces a los responsables bolivianos y rusos la siguiente: ¿de dónde provendrá el agua necesaria para poner en operación la planta? ¿O es que nos quedaremos sin buena parte del agua potable que consumimos en La Paz y El Alto?

La segunda pregunta crucial es ¿qué se hará con los desechos nucleares? ¿Se han tomado providencias para este aspecto también sumamente riesgoso?

Es imperioso que no solamente la directora de la Agencia Boliviana de Energía Nuclear, Hortensia Jiménez (contraparte de Rosatom), sino los ministros del área comprometida convoquen a la prensa y den respuesta a la opinión pública sobre estos trascendentales asuntos. 

Desde antes de su inauguración, la planta nuclear causa, además de satisfacción -si llega a funcionar como se anuncia-, preocupación por los detalles de su operación y dudas por su efectividad. Nadie querrá que llegue a ser una de tantos elefantes blancos que se han construido en Bolivia en estos años, pero con el agravante de que en lugar de solucionar nada, aumente desmesuradamente los males que ya afligen al país.

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