Editorial

Grupos de choque contra vecinos

viernes, 01 de noviembre de 2019 · 00:15

Desde que el presidente Evo Morales avaló el cerco a las ciudades que sectores campesinos desean realizar, el país entró en una fase más seria de confrontación y tensión. Es insólito que el Presidente, que se supone gobierna para todos los bolivianos, amenace con acciones contra las ciudades, que en todo caso tienen la mayoría de la población, y se regodee diciendo “a ver si aguantan”.

Esa declaración del Presidente, que luego fue seguida por otra, del vicepresidente Álvaro García Linera, que pidió a los afectados por los bloqueos que “se organicen”, dio la tónica para los sucesos de los últimos días, en los que grupos de choque del oficialismo han agredido a vecinos que realizaban bloqueos pacíficos fundamentalmente en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

En esas ciudades, mineros, algunos de ellos aparentemente “disfrazados”, transportistas, comunarios y otros simpatizantes del Gobierno han agredido a los vecinos en algunos casos de manera brutal. Ya se han registrado dos muertos y decenas de heridos, algunos de ellos a bala, aunque la mayoría ha sido debido a las pedradas recibidas.

Aunque el presidente Evo Morales comenzó a bajar la guardia y pidió a todos los movilizados que hagan una pausa en las protestas hasta que concluya la auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA), la tensión es aún muy grande y las heridas por los discursos confrontacionales y polarizadores no han sido aún superadas.

Evo Morales admitió también que los simpatizantes y militantes del MAS “rebasaron” al Gobierno en su empeño en  defender el proceso de cambio, y es por eso que están en las calles realizando marchas y manifestaciones.

Es lamentable: la retórica agresiva por supuesto que no puede ser fácilmente revertida y aquello genera una peligrosa inquina y exacerba los ánimos de todos los bolivianos, que no tienen por qué ser divididos en bandos y menos llamados a enfrentarse por defender el poder político de unos u otros.

La irresponsabilidad del Gobierno en este sentido ha sido increíble: alentar estas muestras de confrontación y amedrantar señalando que defenderá “el proceso” casi a costa de la mitad de los bolivianos no le ha ayudado ni le ayudará a resolver el actual momento de rebelión que vive el país.

Al contrario de lo que el Presidente opina, es posible que más bien la situación se salga de control y la violencia siga creciendo; entonces serán Evo Morales y su gobierno los responsables de lo que suceda, porque son ellos quienes están llamados por la Constitución y las leyes a mantener la unidad y la paz en el país.

Azuzar a que ciertos grupos actúen contra otros es inaceptable, pero condice con la mentalidad autoritaria y poco democrática de esta gestión. A eso se debe agregar que Raúl García Linera, el hermano del Vicepresidente, es quien dirige en persona a los grupos de choque del masismo.

El clamor de que sea respetado el voto popular ante las denuncias de fraude lanzadas por la oposición ha hecho que los vecinos de todas las ciudades organicen paros, bloqueos, cabildos, marchas y otras manifestaciones. No es, como se pretende mostrar, una militancia opositora estructurada y sometida a un liderazgo político; por supuesto que puede haber excesos de ese lado, y deben ser reprochados y sancionados, pero nunca se podrán comparar a la fuerza del Estado.

Por el contrario, como se constata en las calles, son jóvenes y mujeres en su mayoría quienes dejan de lado sus labores para movilizarse en señal de rebeldía.

Tras los comicios, el pedido mayoritario era que se realizara una segunda vuelta, pero ahora la demanda principal es que sean anuladas y convocadas nuevas elecciones, con otro árbitro electoral. Este último punto es importante,  ya que es el TSE el que ha sido parte del entramado institucional que   ha permitido al Presidente candidatear otra vez, pese a haber perdido el referendo del 21 de febrero de 2016 y que, el 20 de octubre, aceptó órdenes en sentido de interrumpir la transmisión de resultados del TREP. Con esos ineptos y serviles vocales en sus puestos, nada se podrá hacer.

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