Editorial

Confrontación y apertura al diálogo

martes, 19 de noviembre de 2019 · 00:15

La violencia tiene secuestrados a los bolivianos. No es sólo en las ciudades, que en principio fueron el objetivo y centro de las protestas, sino zonas como el Chapare, El Alto, la zona Sur de La Paz, Yapacaní y otras. A esta violencia se añade el desabastecimiento, por lo que la figura y amenaza de cerco, preconizada por Evo Morales, es ya una realidad.

Si hacemos cuentas, desde que se dieron los paros de protesta pacífica y los cabildos, hasta ahora, llevamos un mes en vilo, sin poder retomar la normalidad. Pero si las primeras semanas fueron de incomodidades y sacrificios, éstas son de miedo, zozobra e incertidumbre.

Ya son innegables los actos sediciosos promovidos por el MAS. Han sido detenidos en las últimas horas ciudadanos extranjeros, sobre todo cubanos y venezolanos, distribuyendo dinero a marchistas y grupos de choque, además de personas que, por ejemplo, tenían explosivos en una planta de la zona Tejada Sorzano con el propósito de hacer volar las válvulas de gas.

Otro tema preocupante fue la detención de Facundo Morales Schoenfeld, alias El Argentino, uno de los ideólogos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Se cree que Morales, que está herido tras enfrentarse con la Policía, preparaba a ciudadanos bolivianos para generar disturbios.

En los enfrentamientos trágicos de Sacaba existen denuncias e imágenes que revelan la presencia de armamento de parte de los cocaleros.

En varias ciudades hay protestas, amagos de quema de edificios, enfrentamientos violentos, ataques a policías y militares, etc. En algunas zonas, según conoció Página Siete, jóvenes bien entrenados llegan en vehículos y portando bidones de gasolina e incendian sedes policiales y similares, como ocurrió por ejemplo en Mallasa.

No hay que ser muy perspicaz para establecer que todo esto es parte de un plan, basado en el terror para provocar inestabilidad y responder/retribuir a las acciones que a su vez desestabilizaron el gobierno de Morales, luego del fraude electoral. 

Recientemente, Juan Ramón Quintana -exministro de Evo- expresó que el MAS quería convertir a Bolivia en un nuevo Vietnam. Otro probable articulador de la violencia es Raúl García Linera, hermano del exvicepresidente. Raúl estuvo preso en los años 90 por actos de terrorismo. Ambos son conocedores de estas actividades violentas y subversivas, y cuentan con el apoyo inocultable de agentes extranjeros, como se dijo líneas arriba.

Todo ello tiene como un claro interés: desestabilizar al gobierno transitorio de Jeanine Añez, para promover el retorno de Evo Morales. Es tan obvio el plan, que el expresidente Evo Morales, desde México, donde pidió asilo, ha hecho llamados a sus militantes, no para tranquilizar al país, sino para polarizarlo aún más. A Morales no parece preocuparle realmente la pacificación entre bolivianos, todo lo contrario. Si la convulsión crece a un nivel muy alto, cree él, podría retornar al gobierno. Si lograra hacerlo, la convulsión sería aún peor, esta vez promovida por sectores contrarios, porque Morales no cuenta ni con la Policía y  las FFAA ya han señalado que no actuarán contra manifestaciones pacíficas. Es un panorama muy complejo.

En ese sentido, la invitación al diálogo es imprescindible. Algún entendimiento tiene que haber para que la presidente Añez pueda desarrollar su gestión y convocar a elecciones.

Sin embargo, también cabe una crítica al actual gobierno: por su carácter transitorio, a este no le corresponde otra cosa que buscar la pacificación del país, la elección de un nuevo tribunal electoral y la realización de elecciones limpias. 

No es momento de resolver ni las relaciones internacionales en su conjunto -aunque algunas medidas son inevitables-, ni hacer transformaciones de fondo en los planes de gestión; tampoco llevar adelante una caza de brujas que es lo que ha anunciado el Ministro de Gobierno.

El MAS, con sus malas artes y el nefasto precedente del fraude, tiene aún una mayoría parlamentaria que, aunque se obvie para tomar decisiones por decreto como se ha adelantado, es vital para pacificar el país y reconciliar a los bolivianos. Ojalá prime el sentido común en ambos lados y el verdadero amor y renuncia por el interés del país. 
 

 

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