Editorial

Senkata, Hiroshima, Dresden y el terrorismo

miércoles, 27 de noviembre de 2019 · 00:15

De todos los demonios del averno que han caído en estas semanas sobre esta capital y el país, el peor, por su magnitud y terribles consecuencias, se halla merodeando en la planta de Senkata, a cargo de unos activistas, que una vez que salieron las cisternas para auxiliar a La Paz, volvieron al lugar y con dinamita derrumbaron el muro de protección, dándose tiempo además para quemar algunos vehículos. De ahí vienen varias de las víctimas que todos lamentamos, pero que infortunadamente estaban participando en la toma.

Comoquiera que en el velorio y durante el entierro los familiares y otros asistentes han clamado por justicia, amerita hacer una reflexión sobre el tema.

El objetivo fue tomar la planta y hacerla volar en pedazos: entonces, ¿cuál sería el precio? Para empezar hay una inversión allí de YPFB de más de 200 millones de dólares y cómo se sabe la planta provee de gasolina y gas a El Alto y a La Paz que quedarían por muchos meses, sin ese abastecimiento vital. 

Pero, esto no es lo más grave, lo terrible es que un solo cachorro de dinamita que llegue a los tanques de almacenamiento provocaría un incendio dantesco, que recordarían a los que sufrieron en la Segunda Guerra Mundial, Dresden, en Alemania, e Hiroshima y Nagasaki, en el Japón. Como represalia por los bombardeos alemanes de Londres, la fuerza aérea británica castigó a Dresden con sucesivos bombardeos, lo que provocó un incendio con miles de víctimas achicharradas. Estamos hablando de un conflicto mundial, que el mundo tuvo que pagar con millones de víctimas.

El mundo quedó horrorizado y aunque las grandes potencias siguieron produciendo armas cada vez más devastadoras, ya no atómicas, sino nucleares, ellas no se han usado todavía, por el miedo a una matanza mutua, que termine con la especie humana. 

Pero, volvamos a Senkata. La planta se hallaba lejos del radio urbano, pero ahora se encuentra en medio de un vecindario muy grande, y por eso, según los expertos, la explosión de una de las esferas afectaría a las otras dos y a toda la planta en general, produciendo un incendio instantáneo que se llevaría la vida, no de cientos, sino de miles de personas, de toda condición y edad. Los más afectados por la onda expansiva, serían las urbanizaciones próximas como El Kenko, Villa La Merced, Unificada Potosí, Apóstol Santiago y otras varias, incluso Achocalla. Los expertos hablan de 10.000 a 50.000 víctimas, entre muertos y heridos, cifra igual a la que sufrió el país durante tres años de conflicto con el Paraguay. ¿Nos merecemos esta suerte?, ¿qué han hecho los paceños para que el enloquecido fugitivo ordene a sus seguidores quemar el país y rendir a sus ciudadanos por hambre?. 

La sobrevivencia de la planta de Senkata es tarea inmediata, no sólo para el futuro de El Alto y La Paz, sino de Bolivia entera. Las Fuerzas Armadas tienen la obligación constitucional tanto de proteger el sitio como de asegurar el abastecimiento constante de gas y gasolina para las dos ciudades. 

Mucho se ha criticado a los medios por apelar al término “terrorismo” para describir estos y otros hechos en aquellos momentos de violencia y desgracia. Se ha dicho que era irresponsable, que llamaba a mayor confrontación y resentimiento, pero según la RAE, “terrorismo es el delito que consiste en llevar a cabo delitos graves con la finalidad de subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado, u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo, alterar la paz (…), provocar un estado de terror en la población o parte de ella”.

Nada puede quedar en la memoria sin investigar y dar con la verdad de los hechos: ni las víctimas fatales e inocentes que perdieron la vida por defender una idea ni los autores materiales e intelectuales de hechos que pusieron en peligro la vida de otros y el Estado de derecho. La responsabilidad está justamente en eso: en diferenciar una cosa de otra.
 

 

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