Editorial

Caída de reservas internacionales

jueves, 28 de noviembre de 2019 · 00:15

Uno de los síntomas de las falencias que vive la economía boliviana es la caída de las reservas internacionales netas. El gobierno de Evo Morales esperaba que cayeran, en todo el año 2019, en unos 1.200 millones de dólares, pero cayeron, hasta octubre, en 1.500 millones.

Las reservas están en su nivel más bajo en 11 años y se ubican en 7.433 millones de dólares.

El BCB ha dado la misma explicación que en anteriores ocasiones sobre ese descenso de las RIN, señalando que se debe a la salida de transferencias al exterior debido a las importaciones privadas y públicas y la depreciación de monedas en las que hay reservas.

El tema de las importaciones aquí es crucial. Como el boliviano se mantiene sobrevaluado artificialmente, para evitar las presiones inflacionarias, se termina alentando la importación de productos. El déficit comercial que vive Bolivia es ya crónico, (en Bolivia se exporta menos de lo que se importa).

El otro déficit, el fiscal, es aún más grave y se sitúa ya casi en el orden  del 8% con respecto al PIB, el más alto de la región y uno de los más elevados en una década y media en Bolivia. Ello implica que lo que el país generó como ingresos fiscales no alcanza para solventar el gasto estatal. Por lo tanto, para pagar sueldos de policías o pensiones, por ejemplo, debe recurrir a otros fondos, como echar mano de las RIN o créditos externos.

Aunque el actual ministro de Finanzas, José Luis Parada, ha dicho que no pretende hacer cambios drásticos en la economía, esta situación no puede seguir indefinidamente. Es cierto que el país tiene margen todavía para seguir endeudándose, pero las posibilidades se van estrechando.

Al nivel actual de gasto de las reservas, ha estimado la fundación Milenio, bajará hasta 1.300 millones en 2022, si se las sigue empleando crecientemente para cubrir el déficit fiscal. El país, que en los 14 años de gobierno de Evo Morales ha reprimarizado su economía, depende en exceso de los volúmenes de venta del gas natural.

Como Brasil ha bajado su demanda de gas, para el país es difícil extraer gasolina de éste, y se debe importar a precios internacionales, para luego venderla internamente a precio subvencionado. Todo ello agrava el déficit. Paradójicamente, la exportación e importación de hidrocarburos en Bolivia está casi en el mismo nivel.

Ello se ha visto demostrado, dramáticamente, en la caída del crecimiento en el país, que de 4,5% el año pasado (por lo menos según el poco fiable INE), es ahora de 3,38%. Todavía sigue siendo elevado, pero la tendencia a la baja es inocultable y se  debe, sobre todo, a la reducción del sector gasífero, que se contrajo en 20% en un año.

 

 

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