Editorial

Periodistas, las otras víctimas de la violencia

miércoles, 06 de noviembre de 2019 · 00:15

La democracia se juega en Bolivia en estos días de conflicto y junto con ella se juega también la libertad de expresión. No es poco y, en ese marco, las otras víctimas del conflicto resultaron ser los periodistas.

Los periodistas agredidos por uno y otro bando en conflicto ya se cuentan por decenas en el país, lo que incluye golpes, persecuciones, robo de equipos de transmisión, heridas por dinamitazos y, por si fuera poco, retención en el aeropuerto de El Alto.

En las últimas horas, Página Siete tuvo que replegar a sus periodistas de la ciudad de El Alto porque dos de ellos fueron víctimas de violencia del MAS que, en su afán de evitar la llegada del dirigente cívico Luis Fernando Camacho, también arremetió contra los informadores.

No sólo eso, sino que un grupo de periodistas quedaron retenidos dentro del aeropuerto porque la intolerancia de los grupos de choque del oficialismo impidieron su salida por varias horas. Entre los afectados estaba un periodista con carnet de Santa Cruz, lo que habla además del reflote de la lacra del regionalismo.

Este medio condena enérgicamente las agresiones de uno y otro lado en contra de los periodistas, eleva su denuncia para que los organismos veedores de la libertad de expresión pongan sus ojos en Bolivia y exige a las autoridades de Gobierno y a los líderes de las protestas que ofrezcan garantías al trabajo informativo.

Para entender lo que está sucediendo, es preciso recordar el contexto en el que se desarrollan los hechos. En los casi 14 años que lleva en el poder, el Gobierno ha logrado tener el control o una influencia en la línea editorial de gran parte de los medios de comunicación, acudiendo a la pauta publicitaria, compra de paquetes accionarios mediante terceros, el control impositivo y el hostigamiento público. Durante el conflicto, muchos de esos medios, carentes de libertad, han resignado la competencia informativa y han dado paso a un mayor protagonismo de los periódicos digitales y de las redes sociales.

En el otro frente, los sectores cívicos y opositores, que también han mostrado un grado de intolerancia, arremeten contra los periodistas de esos medios acusándolos de ser vendidos y de defender a un tirano. En defensa de esos colegas hay que decir que ellos son obreros de la información que no definen la línea editorial.

Por otro lado y, pese al control logrado por el Gobierno, aún existen medios independientes en Bolivia, cuyos periodistas están siendo violentados por los grupos de choque del MAS, que han salido a reemplazar a la Policía en la contención de las protestas contra Evo Morales.

Pero, también hay situaciones de confusión total, sobre todo en medio de la violencia desbordada, donde ya no se reconoce a qué medios pertenecen los periodistas y los manifestantes de uno y otro lado arremeten contra todos.

En ese marco, en los últimos días la cadena internacional CNN, particularmente el periodista mexicano Fernando del Rincón, ha dado una cobertura inusual a la crisis de Bolivia, lo que ha generado el aplauso generalizado de los grupos cívicos y opositores.

Del Rincón lo que ha hecho es formular preguntas incómodas que prácticamente han desaparecido de la prensa boliviana -especialmente de la televisión- con excepción de los pocos medios independientes que quedan, pero que no tienen la musculatura ni la marca internacional de CNN para generar una gran repercusión sobre un tema. O definitivamente están vetados por las fuentes oficialistas para hacer entrevistas.

De hecho, la primera en entrevistar al ingeniero Eduardo Villegas sobre el fraude electoral fue la periodista boliviana Ximena Galarza, de TVU. Y ni qué decir del trabajo sostenido que el puñado de medios independientes, entre ellos Página Siete, vienen haciendo desde hace años, en medio de la sobrevivencia económica y las presiones del régimen.

No queremos reconocimientos porque ese es nuestro trabajo, pero tampoco merecemos el desprecio que estos días recorrió por las redes sociales y que en las calles se materializó en agresiones a los periodistas.

Está claro que el gremio necesita una alta dosis de autocrítica por lo que perdió en estos años en cuanto a independencia y profesionalismo, pero también se necesita una sociedad más tolerante y respetuosa de un derecho clave como es la libertad de expresión.
 

 

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