Editorial

Gobierno de transición

domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:15

El gobierno de Jeanine Añez es constitucional y, por tanto, está habilitado para ejercer sus funciones en plenitud, siempre que se enmarque en la Carta Magna. Sin embargo, tampoco se debe perder de vista que es un gobierno de transición y que, en esa calidad, está predestinado a administrar el día a día de la cosa pública con una única misión extraordinaria: la organización de las elecciones generales.

El país atraviesa por una profunda crisis política y apenas acaba de salir de la más dolorosa confrontación entre bolivianos. Por tanto, este es un momento para la sobriedad, la tolerancia y la reconciliación y no así para la altisonancia, la persecución o los cambios estructurales de políticas estatales.

Es altamente valorable que un Gobierno recién constituido haya tenido que lidiar con la crisis más dura de los últimos años y que haya logrado firmar la paz con los sectores sociales más duros del MAS. Pero, no hay que cantar victoria porque se trata de una paz frágil que, ante cualquier paso en falso, podría derrumbarse.

El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, por ejemplo, ha mostrado solvencia en su trabajo, pero también ha lanzado mensajes que pueden alimentar la retórica del golpe de Estado que propugna el MAS. Es contraproducente escucharlo decir que tal o cual “debe cuidarse”, que “debe empezar a correr” o que a otros “los estamos siguiendo”.

Está bien que el Ministro de Gobierno haga su trabajo, que investigue a los sediciosos y que los ponga a disposición de la Fiscalía y la justicia (siempre que estas mantengan su independencia), pero no se necesita meter miedo para imponer autoridad.

Tampoco podemos dejar de mencionar los cambios en política exterior. La canciller Karen Longaric, que es respetada por su solvencia en el área que ahora dirige, está encarando cambios importantes, pero algunos tan profundos que podrían agrietar al propio Gobierno. Por ejemplo, el intento de normalizar las relaciones con Estados Unidos, con un embajador en misión especial, ha sido un paso en falso porque los embajadores deben tener el aval del Senado y así lo ha entendido el propio Departamento de Estado que ha mandado decir que nada cambia en su relación con Bolivia y que esta se mantiene a nivel de encargados de negocios.

En la misma línea, la presidenta Añez se ha apresurado a llamar y a reconocer a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, pese a que este ha perdido influencia en los últimos meses y su gestión como presidente de la Asamblea acabará pronto.

Es comprensible que este Gobierno no quiera tener nada que ver con la Venezuela de Maduro o con la Cuba de los Castro, más aún, si se toma en cuenta que en los días de mayor violencia, se detectó a ciudadanos de ambos países en acciones irregulares, pero, los cambios de política exterior deberían estar reservados para un Gobierno elegido en las urnas.

La intención de reforestar la Chiquitania tampoco ha sido bien recibida por los movimientos ambientalistas, que creen que el  Gobierno tiene entre sus cuadros a representantes del agronegocio, a quienes se culpa del desastre ecológico ocurrido en septiembre. 

Querer hacer mucho en poco tiempo puede ser un arma de doble filo. Por un lado, puede mostrar a un Gobierno eficiente y en sintonía con el movimiento cívico que depuso a Evo Morales, pero también puede generar innecesarias tensiones, protestas e inestabilidad política. Algunos sectores pueden aprovechar para hacer excesivas exigencias al Gobierno, como ya lo está haciendo la Policía. 

Finalmente, hay que reparar en el cambio del personal del  Gobierno. Nadie niega que es necesario desmontar la estructura dejada por el MAS para limpiar las instituciones y hasta para evitar eventuales sabotajes de funcionarios fieles a Evo Morales, pero tampoco se puede entrar a barrer con el personal técnico que garantiza la continuidad de la gestión. Está cada vez más claro que  Demócratas y los cívicos cruceños tienen fuerte presencia en el Gobierno y que, en función a esas dos corrientes, se está armando el resto de la estructura gubernamental.

Bolivia necesita paz, estabilidad y libertad para ir a unas elecciones transparentes. Todos deberíamos contribuir con ese objetivo, tanto los que transitoriamente nos gobiernan, como los que aprovechan el momento para sacar ventaja y, por supuesto, el MAS, que es el principal causante de la crisis que estamos viviendo.
 

 

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