Editorial

La oportunidad que el MAS podría perder

viernes, 27 de diciembre de 2019 · 00:15

Aunque la mayor parte de su bancada parlamentaria ya no responde a sus designios, el jefe de campaña del MAS, Evo Morales, pretende mantener el control absoluto de su partido y seguir tomando las decisiones, tal como lo hizo durante los casi 14 años que gobernó Bolivia: a dedo.

Precisamente por eso ya convocó a dos reuniones en Buenos Aires, donde se encuentra refugiado, porque no es capaz de imaginar siquiera que su partido puede existir  libre, independiente, democrático, sin él. 

A la primera cita asistieron sus más leales colaboradores, como Adriana Salvatierra, Andrónico Rodríguez, Sonia Brito, Amanda Dávila, entre otros. A la segunda, que se desarrollará este domingo, están citados, según la versión de Morales, mil dirigentes sociales y políticos de su partido para definir quiénes serán los candidatos para las próximas elecciones. Según dice Morales, la de Buenos Aires será una predefinición de nombres para que la decisión final sea tomada en un evento de masas en Bolivia. Ese detalle es sólo eso, un detalle, pues queda claro que él y nadie más que él nombrará a sus sucesores.

Esta situación es lamentable porque, de someterse a los designios del caudillo como parece que ocurrirá, el MAS perderá una oportunidad de oro para democratizarse y convertirse en un verdadero partido político dejando de ser una suma de dirigentes sindicales obsecuentes con el jefe.

Pese al poder de Morales, en las últimas semanas han surgido dentro del MAS algunas corrientes de disenso, lo cual es saludable para la democracia interna, pero es perjudicial para Morales. Por ejemplo, Eva Copa lidera el ala concertadora de la Asamblea Legislativa en abierto desacato a los mandatos del expresidente,  David Choquehuanca fue proclamado por sectores de La Paz y el propio Andrónico Rodríguez ha sido proclamado en el Chapare y ha visitado Tarija en afán proselitista.

Estas expresiones hasta antes de la salida de Morales del país eran impensables porque él acaparaba el poder, los aplausos y los medios. Justamente, para aplacar esos movimientos  Morales aplica una estrategia para dar línea desde Buenos Aires.

Carente de los recursos del Estado, Morales intenta mantener su alto perfil mediático y político desde su refugio y por eso no hay día que pase sin participar de alguna actividad pública, desde reuniones con residentes bolivianos, conferencias de prensa, hasta chocolatada con hijos de migrantes. 

Morales sabe que se está jugando su futuro político por eso no da tregua, pero la duda es si el MAS se someterá nuevamente a los dictados del jefe o si aprovechará la oportunidad que se le presenta para democratizarse y avanzar. 
 

 

 

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