Editorial

Normalización de las relaciones con EEUU

miércoles, 04 de diciembre de 2019 · 00:15

Aunque, como hemos manifestado en este espacio, la reanudación de relaciones diplomáticas con EEUU tendría que ser aprobada con participación del Senado, es saludable que Bolivia tenga vinculación con todos los países y normalice su relación con EEUU.

El expresidente Evo Morales expulsó en 2008 al embajador de ese país en Bolivia, Philip Golberg, y el país se convirtió en uno de los pocos en no tener un embajador del poderoso país del norte.

Morales tomó esa decisión por una suma de factores: uno, por intereses políticos, para generar respaldo de su base; dos, por una genuina aunque infundada idea de que la Embajada de EEUU intentaba el derrocamiento del régimen; tercero, por su ideologismo obsesivo, que ve a ese país como el súmum del mal.

No tener relaciones con EEUU a nivel de embajadores no fue una buena idea. Eso impidió aprovechar mejor el enorme mercado de ese país para las exportaciones sobre todo “no tradicionales”, además de otras ventajas.

Por ello, es positiva la decisión de empezar un acercamiento comercial con esa nación. La canciller Karen Longaric anunció que designó a Óscar Serrate Cuéllar como “embajador especial”, el cual tendrá las funciones de encargado de negocios. Será el primero con ese rango en 11 años.

Serrate, quien es diplomático de carrera, presidió durante dos años la Comisión Mundial de Ciencia y Tecnología y formó parte del equipo del Secretario General de las Naciones Unidas que gestó las famosas Metas del Milenio. Fue embajador y representante permanente de Bolivia ante NNUU y firmó a nombre de Bolivia la Convención Mundial de la Biodiversidad, en Río de Janeiro.

La relación entre Bolivia y EEUU no estuvo exenta de problemas y tensiones en la etapa previa al gobierno de Evo Morales. En muchas ocasiones los grados de injerencia de ese país fueron inaceptables y contraproducentes. El crecimiento electoral del expresidente Evo Morales, por ejemplo, se explica en parte en la estrategia que se denominó “coca cero”, en la que la represión y la erradicación forzosa lo benefició. Esas políticas también produjeron enfrentamiento y derramamiento de sangre.

Ambos países deben aprender de ese pasado para construir a partir de ahora una relación horizontal y de protección de intereses mutuos; con dignidad y soberanía: en lo que se ha conquistado en este sentido no se puede retroceder.

El retorno de las instancias de cooperación, en este marco, podría considerarse seriamente. Por ejemplo, Usaid tiene programas que pueden ser muy útiles para Bolivia.
 

 

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