Editorial

COP25, una nueva oportunidad perdida

viernes, 06 de diciembre de 2019 · 00:15

Como cada año, delegados procedentes de todo el mundo asisten en estos días a las negociaciones del clima de la COP25 en Madrid. Mientras en las sesiones se realizan discusiones que generalmente no derivan sino en advertencias y ofertas, los grupos activistas por el clima llaman a los países a que finalmente se tomen en serio el fin de la financiación y la producción de combustibles fósiles, y hagan justicia a las comunidades que están siendo más afectadas por el cambio climático.

La semana pasada se conocieron duros informes sobre las crecientes emisiones de carbono en el mundo y su impacto en la temperatura global. Estos documentos muestran de manera descarnada el terrible estado del colapso climático y sus impactos en todo el planeta, así como la necesidad urgente de abandonar el uso de combustibles fósiles. 

Este ha sido un año histórico en el que hemos presenciado cómo millones de personas en diferentes países salieron a las calles en movilizaciones por el clima. 

En Bolivia, que no estará presente en la conferencia de este año, se vivió una de las peores tragedias ecoambientales, con el incendio de alrededor de tres millones de hectáreas de bosque en la Chiquitania; y en la región, la Amazonia -a la que se la llama “el pulmón de la humanidad”-, sufrió una enorme devastación. 

La COP25, que debía realizarse en Santiago de Chile, se mudó a Madrid por la inestabilidad política imperante en la nación trasandina; sin embargo, la agenda, que incluye especialmente manifestaciones de jóvenes, se mantiene en varias capitales. 

“Los políticos de todo el mundo no sólo están ignorando la ciencia, sino que encabezan una guerra contra la acción concreta por el clima. Están apoyando los intereses de la industria de los combustibles fósiles en lugar de apoyar a las y los trabajadores, a las comunidades más afectadas y a las nuevas generaciones”, es uno de los mensajes de los jóvenes activistas en esta cumbre.

Y ése es, precisamente, el detalle: los sistemas económicos de la gran mayoría de los países desarrollados están acelerando la destrucción del planeta. Y, mientras se rasgan vestiduras en estos encuentros, nada cambia en las grandes compañías de carbón, petróleo y gas natural, que paradójicamente son lobistas y auspiciadoras de estos eventos a los que se destinan millones de dólares. 

Igualmente desolador, en el peor momento de la crisis climática de la historia, es el crecimiento de las corrientes negacionistas, que llaman a una acción lenta o a la inacción sólo para respaldar los intereses de las grandes corporaciones o de sus inmediatistas modelos de desarrollo.

“La desigualdad, la falta de respeto por los derechos humanos y el racismo tienen raíces profundas en esta crisis climática, y son estos mismos factores los que han estado avivando las protestas y estallidos en muchas partes de América Latina. Las personas en la región están exigiendo con firmeza una sociedad mucho más justa, y si los gobiernos de verdad están dispuestos a escuchar, tendrán que actuar en consecuencia”, sostuvo Nicole Oliveira, directora de la organización ambiental 350.org.

Según los reportes científicos, sólo tenemos ocho años para evitar el colapso climático. Nuestros océanos se están calentando y el planeta está, literalmente, en llamas. Pero, no sólo estamos en una emergencia climática, sino ante una emergencia de justicia climática: las poblaciones del Pacífico, África como el continente más golpeado y los jóvenes, serán quienes sufran las consecuencias. 

¿Debemos seguir viviendo así? La COP25 se enorgullece del lema “Hora de actuar”. Eso significa que es hora de dejar atrás la política, el dinero y la codicia para pasar a la acción colaborativa mundial.

 La única manera de que este proceso tenga éxito es reconocer que, tal y como dicta la ciencia, es hora de que la discusión sobre los combustibles fósiles sea el primer punto del orden del día. ¿Será esto posible en el contexto mundial descrito?

 

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