Deslizamientos y sus responsables

domingo, 17 de febrero de 2019 · 00:15

Vemos a diario cuánto y cómo el calentamiento global está transformando el clima del planeta y causando estragos con desastres naturales incontrolables.  Al mismo tiempo, nos damos cuenta de  que muchos de ellos tienen poco de  “naturales” y generalmente son causados de forma directa por la acción de los seres humanos.

Un ejemplo tristemente claro es el que hemos presenciado con el deslizamiento en la ruta La Paz-Caranavi, en la cual han muerto al menos 16 personas. Además de las fuertes lluvias, que son típicas de esta época y que son cada vez más fuertes, la causa de estos deslizamientos tan avasalladores es la desmedida deforestación, que deja desprotegidos los cerros y aumenta su humedad. Sin mencionar la ampliación de la frontera agrícola, que barre con bosques y selvas para extender cultivos.

Más o menos lo propio puede decirse del derrumbe que se produjo esta semana en La Paz en el camino que une con la zona de Río Abajo. Este sector, cada vez con más pobladores y urbanizaciones, es apetecido por su buen clima y hermoso paisaje. Pero, esto es también origen de su peores y grandes problemas, pues además de la deforestación salvaje y descontrolada, es víctima de loteamientos y asentamientos que causan filtraciones que derivan en derrumbes de magnitud. El reciente no ocasionó víctimas, pero dejó aislados a varios barrios durante varias horas y produjo zozobra.

El alcalde de La Paz, Luis Revilla, sostuvo que las causas del derrumbe fueron las filtraciones de agua, pero los moradores del lugar culpan a los asentamientos ilegales, que son muchos,  están a la vista y representan un problema sin visos de solución.

El crecimiento del área metropolitana de La Paz ha unido las fronteras del municipio paceño con los de Palca por un lado y Mecapaca por el otro. Esto es fuente de conflictos de límites y, como denuncian los vecinos de la zona, asentamientos de todo tipo.

Las autoridades municipales, tanto de Palca como de Mecapaca, autorizan asentamientos en las riberas de ríos, terraceos de colinas que resguardan otros barrios e incluso invasión de espacios naturales que debieran ser protegidos. Un ejemplo es el Valle de las Ánimas   y otro es la zona de Mallasa, incluso el Valle de la Luna.

La Paz tiene terrenos geológicamente inestables, muchos ríos y cerros que deben ser resguardados para evitar que las lluvias causen filtraciones y deslizamientos.  Cuidar este entorno no es simplemente un tema estético, sino de supervivencia. Aunque el crecimiento de la ciudad clame por espacio, las autoridades deben imponer la ley y la sensatez para evitar que la tragedia se instale en La Paz cada temporada de lluvias.

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