Editorial

Millones en propaganda

sábado, 02 de febrero de 2019 · 00:15

Es casi omnipresente la publicidad gubernamental. Parece estar en todas partes y se expresa en avisos de TV, de radio, de periódico, además de gigantografías y otros. El analista económico Julio Linares hizo una estimación de que en los nueve años, entre 2010 y 2018, este rubro ha tenido un presupuesto de 3.000 millones de bolivianos. Si a ello se suman los presupuestos del Ministerio de Comunicación, la cifra sube a 4.000 millones y a 5.300 millones de bolivianos si además se añade el monto que se eroga para el funcionamiento de los medios estatales.

En un país pobre como Bolivia, todavía el más pobre de Sudamérica, que se gaste tamañas cifras en propaganda para promocionar  a un gobernante es  inaceptable. El objetivo del actual Gobierno, con esta maquinaria de la propaganda, es alentar el culto a la personalidad de Morales con la esperanza de convencer a los bolivianos que éste debe mantenerse indefinidamente en el poder.

La estrategia del Gobierno tiene entre sus pilares la misión de orquestar una campaña propagandística de enormes proporciones que está presente en todos los espacios mediáticos y públicos, en todas la obras importantes y en todo lo que se realiza con recursos del Estado, lo que también es una irregularidad.

Las cifras que ofreció el economista Linares son muy importantes y reveladoras. Se refieren a las partidas de publicidad del gobierno central. Pero a esas cifras hay que añadir los presupuestos de publicidad de empresas estatales como Entel, BoA, YPFB, teleférico y otras. Esos presupuestos no están incluidos en las partidas del gobierno central y, por lo tanto, hay que sumarlas a los 3.000 millones de bolivianos mencionados líneas arriba. No solo eso, también es parte de la maquinaria de la propaganda los recursos que disponen las seis gobernaciones que están en manos del MAS y los más de 200 municipios. La cifra, entonces, podría más que duplicarse.

Con todo, después de más de una década, este torrente de dinero, que bien podría ser usado en otros fines, sirve solo parcialmente:  hay una reprobación cada vez mayor en la ciudadanía precisamente por el uso y abuso de la imagen presidencial en los espacios públicos y en los medios. 

Evidentemente es efectivo naturalizar la idea de que todo cuanto se realiza como parte de la gestión y la inversión pública es gracias al Presidente, pero es poco ético hacerlo y también paternalista, porque los ciudadanos son capaces de distinguir entre lo que son recursos del Estado y mecenazgo de una persona.

Sin embargo, este rasgo irá siendo cada vez más usado ahora que entramos en una etapa electoral.

 

 

Confidencial

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