Editorial

Dudas sobre Prosur, el sucesor de Unasur

sábado, 23 de febrero de 2019 · 00:15

El presidente chileno  Sebastián Piñera informó que su país organizará una cumbre de presidentes en marzo para realizar el lanzamiento de Prosur, un foro sudamericano que pretende reemplazar a Unasur.

Las entidades de coordinación e integración regional son importantes y deben ser estudiadas y respaldadas. Pero la iniciativa de Piñera nace con el mismo problema que la fracasada Unasur: responde a la específica coyuntura política del continente, en el que ahora gobiernos de tinte liberal son la mayoría. Los objetivos precisos de este nuevo organismo todavía no están claros.

Unasur fue creada en 2011 bajo el impulso del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez. Entonces, la mayoría de los presidentes de la región eran de tendencia estatista o nacionalista, como Ignacio Lula Da Silva (Brasil), Cristina Fernández (Argentina), Rafael Correa (Ecuador) y Evo Morales (Bolivia).

Esa entidad no tuvo relevancia real en la integración latinoamericana, excepto permitir el uso de una retórica populista y “antiimperialista” que beneficiaba a esos presidentes. Unasur era el espacio para que todos esos líderes se dieran palmadas en la espalda y expresaran opiniones de mutuo afecto. Nada más.

Otras organizaciones han sido más efectivas en la facilitación del comercio y la integración, como el Mercosur, por ejemplo, y la más recientemente creada Alianza del Pacífico, que incluye a varios países en los que prevalecen modelos de libre mercado.

La Unasur murió justo cuando a Bolivia le tocó presidirla. Ello ocurrió porque el gobierno de Morales no pudo, con una discutible capacidad diplomática, elegir a un nuevo secretario general de consenso. En la región ya no había para entonces una mayoría que pudiera seguir designando en ese cargo a personajes de tendencia populista o de izquierda. Habrá que añadir que el gobierno de Evo Morales mandó construir una sede para el Parlamento de Unasur, a un costo de 470 millones de bolivianos, y que jamás fue usada con ese fin. Ante la desaparición de Unasur, el Gobierno ha resuelto que allí se celebren matrimonios, bautizos y otras reuniones.

Tras el fin de ese organismo, Piñera desea, ahora bajo un liderazgo de presidentes de derecha, crear Prosur. Ha señalado que todos los gobiernos de países de Sudamérica están invitados, menos el de Venezuela, por sus tendencias antidemocráticas. La cumbre de marzo próximo definirá si la idea es un éxito o no. Y ello se sabrá por la cantidad de mandatarios asistentes. De pronto, lo más probable es que Morales no viaje a Chile.

Pero, además, la creación de Prosur genera molestias y preocupación pues, en un momento de evidente crisis de integración regional, no hace otra cosa que profundizar la dispersión y banalidad con que los mandatarios regionales, de uno u otro tinte político, han decidido afrontar este problema.

Primero han sido por representantes del llamado socialismo del siglo XXI quienes, relativizando el valor y la vigencia de los organismos de integración regional, optaron por suplantarlos por otros. Ahora que una vez más el péndulo político vira para otro extremo, los presidentes afines deciden crear nuevos espacios y organismos.

La integración regional es un proceso multidimensional, cuyas expresiones incluyen iniciativas de coordinación, cooperación, convergencia e integración profunda. 

Es evidente que las divergencias políticas acercan o distancian, pero no es posible que el continente entero quede expuesto de forma inerte a estos movimientos pendulares sin lograr los avances sustanciales que sus pueblos demandan.

¿Qué sería de Europa si fuesen así de volátiles y difusos sus organismos de integración? La creación de Prosur, como el eclipse de Unasur o el ALBA, no son buenas noticias para la región, pues nos demuestran la enormes deudas que a pesar de que nos une (a casi todos) un mismo idioma y una historia en común, aún separa a los latinoamericanos de una visión común de desarrollo. 
 

 

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