Editorial

Muere reo castigado por los internos

lunes, 25 de febrero de 2019 · 00:11

Unas de las reformas pendientes en Bolivia es el  sistema de cárceles. En el país, las autoridades policiales dominan el perímetro exterior de los penales, para evitar que los detenidos se fuguen, pero al interior son los presos los que tienen el control de las cárceles.

Esta es una realidad de otros países de la región, precisamente aquellos en los que el Estado es débil y el cumplimiento de la ley es eventual.  En ese sentido, son decenas los casos de asesinatos al interior de los penales. Varias veces al año ocurre aquello, ante la mirada desinteresada de las instituciones estatales. Como se ha dicho ya en este espacio, el Ministerio de Justicia es sólo una institución formal, que no cumple con ninguna tarea relevante.

El último incidente que se debe lamentar es el de Omar Chuima Quispe, un privado de libertad de 25 años de edad, quien murió recientemente en el penal de San Pedro de La Paz tras haber sido castigado por los propios presos. En la “normalización” que existe en el país sobre el aumento del delito, la noticia ni siquiera fue destacadamente difundida.

La Policía informó oficialmente que Chuima Quispe no se presentó a una formación del control interno que se tiene dentro del penal. Los presos, en su reglamento, señalan que quien incumple con esa norma tiene que ingresar a un pozo con agua. En éste, el pobre interno es torturado y se lo mete y saca del agua, produciéndole graves sufrimientos.

En esta ocasión, el preso, de 25 años de edad, falleció ahogado porque fue mantenido demasiado tiempo dentro del pozo. Aparte de la “asfixia mecánica por sumersión”, detectada por la autopsia, el reo tenía un traumatismo craneoencefálico cerrado, es decir que fue golpeado en la cabeza, otro castigo que recibió de los privados de libertad. 

La Policía, con una sinceridad destacable, admitió que estos castigos son establecidos por la misma organización interna de los reos.

Nada que haga el Gobierno da resultado en este sentido, porque se cree que las organizaciones de los internos, muchas de las cuales delinquen desde dentro de la prisión, están asociadas a los policías. Y, por lo tanto, romper ese sistema en el que los presos dominan las cárceles es muy difícil.

El año pasado, un gran operativo policial tomó el penal de Palmasola, en Santa Cruz, y varios presos murieron, según testigos, con tiros en la nuca.

Se trataba de evitar el control de éstos en la vida del penal. Pero a los pocos meses del aparatoso ingreso de la cárcel, todo estaba nuevamente en fojas cero en esa cárcel del oriente del país.

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