Editorial

Victoria de Maduro tras plan humanitario

miércoles, 27 de febrero de 2019 · 00:15

La idea de intentar ingresar ayuda humanitaria a Venezuela desde dos puntos fronterizos, uno en Colombia y el otro en Brasil, estaba condenada al fracaso. Es verdad que las fuerzas democráticas de Venezuela y de la región pusieron en esta iniciativa todas sus esperanzas. Parecía que iba a ser el “Día D” para el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, pero no fue así.

Una vez más, Maduro ha evitado su derrocamiento y ha salido, además, fortalecido. Maduro ya puede ser considerado como un gato de siete vidas;  todo aquello  que no lo derrota, lo favorece.

Decimos que la idea del ingreso de camiones con ayuda humanitaria,  que causó tanta expectativa, estaba destinada al fracaso porque para el Ejército venezolano era relativamente fácil bloquear los dos puntos de ingreso, pese al ambiente generado en la frontera con Colombia, donde se celebró un multitudinario concierto y se acogió a varios presidentes de la región.

No ocurrió lo que deseaban las fuerzas democráticas venezolanas, es decir que el intento de ingreso de la ayuda generara la chispa que terminaría haciendo estallar al régimen. La idea de ingresar esos camiones era precisamente ésa: generar un conflicto tal –aprovechando la desesperación de la población de obtener alimentos y medicinas– que éste terminara ampliándose a todo el país.

Los sectores opositores venezolanos y sus aliados internacionales, quienes son de un número creciente y poderoso, deben replantearse ante el tozudo régimen chavista.

En todo caso, la cada vez más notoria participación estadounidense en el asunto no ayuda precisamente a la causa venezolana. Si hay un gobierno que no tiene moral para exigir democracia en ninguna parte del mundo, ese es el de Donald Trump. También se debe descartar la vía de la intervención militar estadounidense. Ello generaría más derramamiento de sangre y terminaría por darle legitimidad a Maduro. Además, gran parte de la región se volcaría contra esa acción.

Con todo, queda claro que tampoco se puede ser indiferente ante la necesidad de liberar a Venezuela de  un régimen totalmente extraviado, que no cesa de oprimir a su pueblo, empobreciéndolo sin piedad y sumiéndolo en uno de los mayores índices de inseguridad ciudadana del mundo. 

Tal vez la vía sobre la que deben empezar a reflexionar los gobiernos contrarios al chavismo es la de la  negociación. Por ejemplo, ofrecerle a Maduro asilo y una ley de amnistía, y, si él aceptara que hayan elecciones verdaderamente limpias, con otra corte electoral y sin el uso del tramposo voto electrónico, incluso él podría convocarlas. La democratización de Venezuela es crucial para el continente.
 

 

 

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