Editorial

Salvatierra tiene sus derechos intactos

viernes, 08 de febrero de 2019 · 00:15

Ha surgido en el país una polémica inesperada respecto del hecho de que la presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, tiene doble nacionalidad. Ella, nacida en Bolivia, tiene madre chilena, quien la inscribió ante autoridades chilenas para que pueda contar con certificado de nacimiento de ese país.

No existe nada irregular con ello y Salvatierra tiene sus derechos intactos para ser presidenta del Senado y, cuando cumpla 30 años, ser presidenta boliviana. La Constitución no pone ningún obstáculo a que alguien con doble nacionalidad pueda ostentar cualquier cargo público, incluido el de Presidente de Bolivia. Hay más: si alguien nace en el exterior de padres bolivianos y es inscrito en algún consulado de Bolivia, es considerado “boliviano de origen” y tiene los mismos derechos de los “bolivianos de nacimiento”, por ejemplo, a elegir y ser elegido.

La doble nacionalidad, además, es reconocida por la Constitución Política boliviana aprobada en 2009.

Un asunto que ha causado confusión y polémica es que Salvatierra está inscrita para votar en Chile. Ello tiene una explicación muy sencilla: en ese país, para intentar reducir el ausentismo electoral, el registro de votación de los ciudadanos es automático. Cualquier persona que tenga un certificado de nacimiento de ese país es inscrita para tener derecho al voto. Y es seguro que la presidenta del Senado nunca ha ejercido ese derecho.

La senadora Salvatierra puede ser criticada por otras razones, como cualquier personaje público, pero no por el lugar donde nació su madre.

En el pasado hemos tenido ministros, incluidos cancilleres, nacidos en Chile y otros países. Pero una polémica así nunca había ocurrido con la virulencia actual porque las autoridades en general no alentaban abiertamente la xenofobia y el antichilenismo.

Ello cambió con la llegada del poder de Evo Morales, que ha acusado numerosas veces de “prochilenos” a quienes se opusieron en alguna oportunidad a él. También hubo una campaña contra el periodista Raúl Peñaranda, exdirector de este diario, por tener una circunstancia familiar similar a la de la senadora Salvatierra. La exministra Amanda Dávila acusó a Peñaranda de ser un “espía chileno” y legisladores masitas señalaron que era un “traidor a la patria”, por el hecho de tener doble nacionalidad.

Así que el Gobierno no puede quejarse hoy de que la senadora sea víctima de críticas por esa circunstancia, por más injustas que sean, puesto que fue precisamente éste quien ha hecho de ese asunto una manera de tratar de inhabilitar a sus adversarios.

 

 

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