Editorial

Emboscada cocalera en el Chapare

domingo, 10 de marzo de 2019 · 00:15

Si no hubiera sido por la filmación realizada con el celular de uno de los cocaleros, el país no se hubiera enterado cómo un grupo de ellos emboscó y amenazó a efectivos de la Unidad Móvil de Patrullaje Rural (Umopar). Los cocaleros rodearon a los efectivos militares, estando dos de ellos heridos de bala en el lugar, y los increparon señalando que no deberían haber ingresado a la zona “por sendas secundarias”, sino por los caminos principales.

El temor de los efectivos militares, claramente evidente, y la agresividad de los cocaleros, han indignado a la opinión pública, que conoció un aspecto de la vida del Chapare que se intuye, pero de la que no había una prueba, en este caso el video. Son los cocaleros los que dominan a la Policía, y no al revés, en la región en la que el presidente Evo Morales es líder máximo. Los hechos se produjeron en las cercanías de San Rafael, en Villa Tunari.

Pero lo que mostró la filmación no fue lo peor de la jornada. En realidad, era la parte final de un evento mucho más serio, en el  que esos cocaleros evitaron que los uniformados pudieran detener  una avioneta, presuntamente cargada con droga, de la cual bajaron hombres armados, produciéndose un intercambio de fuego. En la refriega murió una persona y con el asedio de los cocaleros, la avioneta logró despegar.

Lo que es extensamente conocido, que el Chapare produce más del 90% de su coca para que se convierta en cocaína y que los cocaleros conviven en medio del  narcotráfico, quedó meridianamente claro. Queda como una declaración risueña la opinión vertida hace unas semanas por el presidente Morales, en sentido de que en  el Chapare la producción de coca es “sólo para los peones” y que la mayoría de esa región se destina a producción de plátano, piña y otras frutas.

Un dato concluyente de esta realidad está contenido en el más reciente informe de Naciones Unidas, en el que se evidencia que en 2018, Cochabamba desplazó a Santa Cruz en la purificación de cocaína. En realidad, el informe se refiere al Chapare, donde el año pasado se destruyeron 24 de las 48 fábricas de cristalización de cocaína. La zona se ha convertido en el nuevo epicentro de producción del narcotráfico.

 Junto con este tema se puede hablar también de otro, el de la ya evidente preferencia que tiene el Gobierno con los cocaleros del Chapare, que apoyan al MAS, respecto de los de Yungas, que ahora son opositores. El Ministerio de Gobierno, en ese sentido, ha realizado al menos 10 operativos policiales de relevancia en la región paceña en los dos últimos años, dejando un saldo de más de 270 detenidos, según un recuento realizado por Los Tiempos.

En Yungas, como se sabe, el 90% de la coca producida es para fines lícitos, pero es allí donde se dan las operaciones policiales de relevancia. Para enfatizar más aún el doble rasero con el que el Gobierno trata este asunto, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, dijo que es en Yungas donde existe un grupo irregular permanente, no en Chapare.

Es más, en agosto del año pasado,  las autoridades procedieron a detener al máximo dirigente de los cocaleros de los Yungas, Franclin Gutiérrez, luego de una emboscada a fuerzas de seguridad.

 Gutiérrez, que no estuvo en el lugar de los hechos, está en la cárcel. Él se considera un preso político y con justa razón, pues los cocaleros yungueños son opositores al Gobierno y Gutiérrez incluso llegó a anunciar su candidatura presidencial.

En el caso del Chapare, el máximo dirigente, Leonardo Loza, no está siendo investigado por el tema y los operativos han dejado libres de responsabilidad a los sindicatos cocaleros.

 Tras una ola de críticas por la emboscada del Chapare, este viernes el Gobierno informó de la detención de 10 comunarios, de la destrucción de 13 fábricas de cocaína, además de la inhabilitación de una pista clandestina.

   Está claro que el Chapare no es una zona de producción de plátanos, ni únicamente de coca, es una zona de narcotráfico, donde el Estado tiene cada vez menos presencia. Es un territorio peligroso.

 

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