Editorial

Violencia hacia los niños

martes, 12 de marzo de 2019 · 00:15

No se puede menos que aceptar que somos un país analfabeto en derechos humanos. Aunque el proceso de formación y concientización sobre el respeto de los mismos lleva décadas, en el país aún existen vacíos muy grandes y prácticas inaceptables, especialmente con grupos vulnerables y en lo que hace a rasgos de racismo y discriminación aún vigentes.

Pero, entre todo este universo, es la violencia contra los niños la que más duele. No se trata únicamente de un rezago en el cumplimiento de sus derechos a la educación y la seguridad ni de que no se los exponga a obligaciones laborales desde muy temprana edad, sino de que se preserve su más elemental integridad física y emocional.

No sólo abundan los casos de muertes de niños por abusos físicos y sexuales,  también son frecuentes las historias de niños golpeados/flagelados por sus padres o familiares. Solamente en días pasados seis casos de violencia extrema contra los niños estremecieron Bolivia. Los hechos ocurrieron en los departamentos de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Oruro y todos y cada uno encierran indescriptible dolor. 

En La Paz, tres niños fueron golpeados brutalmente por su madre; en Cochabamba, un niño de nueve años fue rapado por órdenes del director de su colegio, quien lo acusaba de robo; en El Alto, una madre realizó cortes de tijera en los brazos de su niño como castigo por presunto mal comportamiento; en Santa Cruz, una niña de tres años fue flagelada por sus padres hasta quedar en estado de coma y en la misma ciudad, otra menor de 12 años fue maniatada por su madre por haber “alzado 10 bolivianos sin permiso”. El inventario cierra con Oruro, donde una niña fue apuñalada en el abdomen porque lloraba mucho. 

¿Son casos aislados? No, lastimosamente. A pesar de la crueldad de estos ejemplos, son más recurrentes  de lo que queremos ver. Golpear a los niños, castigarlos brutalmente, así como obligarlos a trabajar, cuidar de sus hermanos o hacer tareas en el hogar, es parte de una cultura nacional que los ve como objeto de propiedad de sus padres y familias. La violencia física es natural, como también lo es el acoso y la violencia sexual, casi una extensión de estas expresiones de abuso de poder.

No es suficiente con encarcelar a los culpables, ni quitar a los padres irresponsables la tutela de sus hijos; hace falta que reaccionemos como sociedad para valorar a los niños y protegerlos, pues, más allá de la muletilla, ellos son la sociedad del mañana. Seguiremos siendo una sociedad cavernaria mientras sigamos contando estos ejemplos como parte de nuestro anecdotario. No debemos permitirlo.

 

 

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